Opinión

La inversión pública y el aeropuerto

Durante los 12 años de gobiernos del PAN, los ingresos presupuestarios del sector público crecieron en 65 por ciento en términos reales.

Se trató de un crecimiento como nunca se había dado en la historia del país: un incremento absoluto de 1.4 billones de pesos a precios de 2012, lo que deja chiquitas a cuantas reformas fiscales se han emprendido en México.

Bueno, pues según los datos del Inegi, ¿sabe usted en cuánto se incrementó la formación bruta de capital fijo proveniente del sector público en ese mismo lapso? Ni más ni menos que en 6.8 por ciento.

O si lo quiere ver de otra manera, mientras los gobiernos de Fox y Calderón recibieron recursos adicionales que crecieron en promedio 4.2 por ciento anual en términos reales, la formación de capital
–inversión– generada por el sector público creció a la fabulosa tasa de 0.6 por ciento real anual.

En ese mismo lapso, la inversión privada creció a una tasa promedio de 3.8 por ciento al año, que tampoco es para enorgullecerse pero que fue seis veces superior a la del sector público.

Uno de los problemas serios que tenemos en México es el de la productividad, como ya se ha dicho hasta el cansancio, y uno de los factores responsables de este problema es la falta de inversión generada por el sector público.

Le doy otro dato. En 1993, en el penúltimo año del sexenio de Salinas, la inversión pública fue equivalente a 71 por ciento de la realizada por el sector privado.

El año pasado, ese porcentaje se cayó a 25 por ciento.

Y, como vimos, no es por falta de recursos por parte del Estado. Hubo un crecimiento sin precedente de éstos, pero en lugar de destinarse a la modernización y ampliación de la infraestructura, se fueron al gasto corriente.

Veamos un ejemplo que ayer salió a colación: el aeropuerto de la ciudad de México.

Al menos desde el sexenio de Salinas comenzaron los trabajos para definir el proyecto para construir un nuevo aeropuerto de la metrópoli.

Durante el sexenio de Fox, el plan caminó hasta que aparecieron los “macheteros” de Atenco.

Esperamos que en las siguientes semanas ¡por fin! se dé el banderazo para la construcción de la nueva terminal, que va a presentarse como una ampliación de la actual. Pero lo importante es que finalmente se va a hacer.

El gobierno había renunciado a su responsabilidad de crear infraestructura, por eso es que la proporción de la inversión pública se desplomó.

La asignación de los abultados recursos recibidos por los dos gobiernos anteriores pretendió una política social activa y el resultado fue la creación de gigantescos aparatos burocráticos y multitud de programas sociales ineficientes y costosos.

Y, lo malo es que hasta ahora no se percibe en el gobierno de Peña la determinación para hacer una reingeniería real del aparato del Estado, para hacerlo más eficiente y abaratarlo.

Qué bueno que la inversión pública avance de nuevo y que se realicen proyectos parados por años o décadas.

Pero para que alcancen los recursos, tiene que recortarse la grasa que le sobra al Estado.

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