Opinión

La inversión extranjera no vendrá sola, hay que ir a buscarla


 
La reciente aprobación de la reforma energética ha suscitado todo tipo de especulación en cuanto al impacto que ésta tendrá sobre el crecimiento económico de México y a qué plazo. La reforma no tendrá impacto alguno sobre la producción de energéticos durante este sexenio, ni aunque fuese soportada por legislación secundaria idónea. Hay que tener enorme cuidado en no medir el éxito de la reforma esperando que se traduzca en crecimiento inmediato o en una reducción a corto plazo de lo que se paga por energía en el país.
 
 
En mi opinión, México tiene un claro problema que proviene de la falta de planeación transexenal. Se espera que todo dé fruto a corto plazo, y por ello hay poca disposición para plantar semillas importantes que germinarían a largo plazo. Eso aplica a todo, desde la política educativa hasta la energética. Nuestros problemas llevan décadas formándose, no existen soluciones instantáneas.
 
Donde sí podríamos ver un cambio sustancial a mediano plazo es en el tema de inversión extranjera directa. Si consideramos que el costo de electricidad industrial en México es 70 por ciento superior al de Estados Unidos, y a eso le añadimos la certeza de que conforme se incremente la producción de shale gas en EU el costo seguirá bajando, la posibilidad de que México desarrolle su propio potencial energético ofrece mejores condiciones de costo y de disponibilidad que se suman a otras ventajas como la proximidad geográfica o el hecho de contar con trabajadores competitivos y fáciles de entrenar, con mejores costos laborales. Es ahí donde se pueden tomar otras medidas que incrementen el atractivo de México a los ojos de emprendimientos internacionales en búsqueda de plataforma.
 
 
Una de las fortalezas de México es el hecho de que tiene alrededor de medio millón de estudiantes en escuelas de ingeniería en este momento. Ese número rebasa a la oferta que proviene de Brasil, Alemania o el propio Estados Unidos. Sin embargo, sería altamente deseable contar también con técnicos calificados en otras áreas, desde electricistas hasta programadores, que aunque no tengan estudios a nivel de licenciatura, tengan certificación técnica. Es urgente que los jóvenes desarrollen destreza informática. Hasta los procesos de manufactura pasarán ahora por una computadora. Es igualmente deseable que más jóvenes hablen bien inglés pues, independientemente de la relación con empresas estadounidenses, ésta es la lengua franca para empresas globales.
 
Uno de los grandes retos económicos de México provendrá de cómo proveer empleos dignos y bien pagados a nuestra joven población. Tenemos la experiencia de una industria maquiladora que sólo logró generar empleos de mínima compensación y prestaciones de ley, en el mejor de los casos. En la medida en que el acervo de trabajadores capacitados crezca, México podrá atraer procesos que requieran de mayor valor agregado y, consecuentemente, paguen más.
 
 
México tiene que entender que compite por inversión con el resto del mundo. Se está dando una revolución tecnológica real. En Estados Unidos se desató una guerra a muerte entre ciudades que tratan de atraer inversión. El estado de Nueva York, por ejemplo, ofrece que empresas que migren al estado o se expandan no pagarán impuestos estatales por los primeros diez años, ni sus empleados tampoco. Igualmente, han hecho multimillonarias co-inversiones con empresas privadas ofreciendo desde el terreno hasta la construcción de plantas para el desarrollo de tecnología de punta, con tal de que ésta se realice en el estado. Este es un vehículo tanto para proveer empleo y capacitación a gente local, como para atraer talento que hoy vive en otros estados. A nivel nacional, se compite con Silicon Valley y con ciudades como Seattle; a nivel internacional, Bangalor, Tel Aviv, Helsinki, Munich, Tokio, Singapur y otras ciudades se han dado cuenta de la urgencia de entrar en la competencia por empresas tecnológicas.
 
Es importante recordar que el tema de seguridad es fundamental. Un reto logístico para innumerables empresas tanto nacionales como extranjeras en México proviene del constante robo de mercancía en carreteras e incluso en ferrocarriles, de la extorsión, de la posibilidad de secuestro de funcionarios, y de la percepción generalizada de inseguridad que hace que, por ejemplo, mover a gente clave a México requiera de remuneración mayor a la normal, pues se tiene que compensar por este riesgo.
México tiene que hacer más por articular estrategias amplias para atraer empresas. El sector tecnológico presenta una oportunidad puntual, ya que muchas empresas de Silicon Valley están hartas del constante espionaje industrial que sufren en China, y también cansadas de la complejidad logística e inconveniencia práctica que proviene de la distancia. México sería un excelente candidato para atraer a estas empresas, pero se requiere de la coordinación entre el gobierno federal, gobiernos estatales, ciudades, universidades y empresas privadas para armar propuestas agresivas, amplias, de largo plazo y bien pensadas. Estados como Sonora, Baja California, Nuevo León, Guanajuato, Querétaro y otros serían ideales.
 
 
La competencia por inversión es una guerra sin cuartel en la que México tiene que armarse hasta los dientes y ambiciosamente pelear hasta por el último centavo de inversión. Este es un juego de números, si nos acercamos a mil empresas, vendrán cien; si lo hacemos con cien, vendrán diez. Hay que subirse al avión y salir a promover. Millones de jóvenes mexicanos merecen oportunidades.