Opinión

La inversión buscará
a México, el reto será aprovecharla

Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, es un estudioso de la Gran Depresión. La gran lección que aprendió de los errores en los años 30 es que cuando hay un shock de tal magnitud, se necesita inundar de liquidez a la economía. En momentos así, imprimir dinero no genera inflación, pues típicamente la velocidad del dinero se colapsa, es decir, que deja de cambiar de manos, pues ante la incertidumbre y el susto la gente opta por usar la liquidez para sentirse más segura y para reducir su endeudamiento.

Llevamos seis años en las mismas, los bancos centrales del mundo han seguido la ruta de la Reserva Federal, y lejos de tener trazas de inflación, es la deflación quien asoma su faz en Europa, como reflejo de la vacilante política monetaria del Banco Central Europeo.

En un ciclo económico normal, después de una recesión habría una recuperación que provocaría menor desempleo; ésta llevaría a niveles más altos de consumo; éste a más crecimiento y a aún más empleo, y conforme escasearan los trabajadores los sueldos aumentarían, generando inflación que llevaría al banco central a subir tasas de interés y retirar liquidez de la economía para enfriarla. Esto no ha ocurrido. El empleo sigue débil por muchas razones.

Las más evidentes provienen de la globalización de la fuerza laboral que provoca que conforme se incrementa la demanda por trabajadores, la oferta pueda provenir de cualquier parte, aunque físicamente distante. La internet y la estandarización de procesos, mediante acuerdos como los ISO, permiten que las empresas globales produzcan donde sea, y que muchos servicios se originen a distancia. Pero, en forma cada vez más relevante, es la automatización y la robotización lo que sustituye a empleos tradicionales.

La mejor confirmación de este argumento proviene del hecho que desde 1996 el número de empleos dedicados a manufacturas ha caído en la misma proporción en China y Estados Unidos (aunque se produce más).

Carece de sustento la afirmación de sindicalistas estadounidenses de que los empleos se han perdido por transferirse a China y México. En el caso de Estados Unidos, después de que históricamente el empleo en relación al PIB se había mantenido prácticamente constante, hoy está en su punto más bajo de la historia, tendencia que comenzó en 1980 en los países industrializados. Menos gente es asalariada y quienes lo son reciben menor compensación.

Combinando ambos fenómenos, política monetaria agresiva y la pérdida de empleos, se puede generar una mezcla letal. Recordemos que la Reserva Federal tiene un mandato doble: controlar la inflación y maximizar niveles de empleo. Si el empleo no reacciona, seguirán imprimiendo dinero, aún cuando la debilidad no se deba al ciclo económico sino a cambios tecnológicos claramente disruptivos.

El riesgo no es menor. El balance de la Reserva Federal se ha cuadruplicado desde 2008, y hoy es casi 25 por ciento del PIB. Toda esa liquidez no tiene a dónde irse, mas que a inflar el precio de activos financieros, desde bonos y acciones (tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo), hasta bienes raíces (los mercados de Australia, Canadá, Inglaterra y China presentan claras burbujas).

Esta tendencia podría extenderse mucho tiempo. Estados Unidos busca lidiar con 6 millones de desempleados con recetas contraproducentes. La tendencia natural es subir salarios mínimos, incrementar las prestaciones a trabajadores, y en general hacer todo aquello que proveerá mayor motivación a que los dueños del capital automaticen más tareas más rápido.

En caso de que las burbujas que se están formando estallen, será políticamente imposible justificar nuevos rescates al sector financiero, pues el rescate anterior se sigue pagando.

Por lo anterior, seguiremos viendo que mucho dinero busca dónde estacionarse. El “Mexico Moment”, aún presente y apuntalado por los ascensos que Moody’s y S&P le han otorgado a la deuda mexicana, es un poderoso imán para que vengan a nuestro país. ¿Cómo haremos que esos flujos generen inversión real y no nos pase lo que a Brasil, donde lo que se recibió fue a parar a los centros comerciales de lujo de Miami? México tendrá acceso a más dinero y en mejores condiciones que quizá en cualquier momento en su historia.

El peso se fortalecerá. Podríamos mejorar radicalmente nuestra infraestructura y competitividad. Pero, el riesgo de mal gastarlo es enorme, particularmente con un gobierno que no ha dado la más mínima señal de que está comprometido en buscar un gasto público más eficiente, estimular inversión privada o abatir corrupción. Si la legislación secundaria de las reformas es pobre y la violencia no se abate, como vino se irá. ¡Cuidado!

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@jorgesuarezv