Opinión

La inutilidad de los
'think tanks' en México

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Tengo muchos amigos en los think tanks de México. Me considero cercano a organizaciones como el IMCO, el CIDAC, México ¿cómo Vamos?, Mexicanos Primero, el CEEY, la Fundef, etcétera. Me identifico ampliamente con quienes los integran. Es más, si no fuera periodista, me gustaría trabajar en un think tank, “vendiendo ideas”, como dice Juan Pardinas; alzando la voz.

No obstante lo anterior, ahora que se acercan las elecciones del 7 de junio, pienso que el resultado del trabajo de los think tanks es sumamente limitado. Muchos periodistas invitamos a nuestros programas de Tv o radio a los integrantes de estas organizaciones; sabemos de su genuino interés por modificar positivamente al país y respetamos sus argumentos. Pero con la cercanía al proceso electoral y los resultados que estamos teniendo en muchos ámbitos de la vida pública, me pregunto: ¿de qué sirven? Veamos casos concretos.

Primer caso: las reformas estructurales. Fue la voluntad de los políticos del PRI que recuperó Los Pinos la que finalmente hizo posible las reformas estructurales; no los think tanks. Segundo caso: la transparencia y la lucha contra la corrupción. Fue la investigación sobre la 'casa blanca' (y otras casas) la que obligó al gobierno a plantear una reforma contra la corrupción y los conflictos de interés. Tercer caso: la reforma educativa. Son los maestros disidentes de Oaxaca quienes dictan la agenda y obligan al gobierno a suspender las evaluaciones, dejando en la basura la propia reforma educativa y cualquier argumento académico sólido de los think tanks que luchan por profundizar el alcance de esa reforma. Y así…

Los think tanks proponen, analizan, evalúan, comentan. Los ciudadanos coincidimos con ellos. Pero sus ideas no se traducen en acciones de gobierno ni en cambios de actitud social. Por ejemplo: podrán elegir otro tema, como la ridículamente pequeña investigación y desarrollo en las empresas mexicanas. Nos podrán mostrar un índice comparativo contra empresas de otras naciones, etcétera. Pero, ¿eso se traduciría en que el año próximo empresas como Cemex, Grupo Carso, Vitro o Arca Continental salgan a decir ‘que pena, a partir de 2016 elevaremos nuestro gasto en I+D a siete o nueve por ciento’? Lo dudo.

Ojo: no estoy diciendo que los think tanks desaparezcan. Creo, sin embargo, que deben ser más estridentes. Hasta las fotos publicitarias de Benetton son más llamativas y penetran más en los actores a quienes van dirigidas, que las políticamente correctas posturas de nuestros amigos de los think tanks. Su problema es ser demasiado académicos con sus posturas públicas en un país donde sus ideas luchan contra los orangutanes que bloquean las calles y queman policías con bombas molotov.

Twitter: @SOYCarlosMota

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