Opinión

La internacionalización de la educación superior: ¿cómo hay que hacerla?

 
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La UNAM y el Tec de Monterrey fueron las mejores evaluadas en México. (Cuartoscuro)

Los días 23 y 24 de este mes, en San Miguel de Allende, Guanajuato, México, se celebró, bajos los auspicios del IESALC (UNESCO) y del Gobierno de ese estado mexicano, el 7o. Encuentro de Redes Universitarias y Consejos de Rectores de América Latina y el Caribe. El tema de la reunión fue el de la internacionalización de la educación superior en la región.

El tema de la internacionalización no es nuevo y casi en cada foro, seminario o congreso universitario que se organiza, el tema está presente en los discursos y paneles contemplados en los programas de los eventos.

Cuando se trata el tema, que todos consideran y concuerdan como esencial, por lo general se cometen, por lo menos, dos errores. El primero consiste en insistir que lo más importante de la internacionalización es la movilidad de estudiantes y profesores. Y de hecho, las pocas acciones que hay respecto de la internacionalización se centran en programas que ofrecen becas para facilitar la movilidad, principalmente estudiantil. Por todos es sabido que en América Latina, vergonzosamente para los gobiernos, es un banco, Santander por medio de su organización Univesia, la principal financiadora de la movilidad. Es claro que quedarse en el tema de la movilidad resulta insuficiente si lo que se pretende es insertar a las instituciones de educación superior (IES) en la era del conocimiento globalizado.

El segundo error que se comete tiene que ver con concebir a ese proceso de internacionalización como una suerte de libro de texto que hay que seguir a pie juntillas para, entonces, concebirse como una institución internacionalizada.

Sin duda el tema de la internacionalización está presente y no retrocederá. Por el contrario, seremos testigos de procesos cada vez más intensos y profundos, auspiciados, particularmente, por los avances tecnológicos digitales. Por ejemplo, hay quienes piensan que en breve las instalaciones universitarias serán cada vez menos importantes porque desde cualquier lugar en donde exista conectividad se podrán cursar las materias de la carrera que uno haya elegido y lo podrá hacer con profesores ubicados en cualquier parte del planeta. Y si lo anterior es cierto, que muy probablemente lo será, las IES tienen que estar preparadas para enfrentarla y, sobre todo, usarla en su beneficio y, eventualmente de sus estudiantes, profesores y de la sociedad en la que están inmersos.

Ambos enfoques, a mi juicio, requieren de un escrutinio intenso y de una amplia discusión, para hacer de este proceso internacionalizador uno que ayude al quehacer universitario concebido como uno al servicio de la sociedad y de sus necesidades y no que lo deforme, siguiendo modelos ajenos.

Un primer punto que habría que establecer es que la internacionalización no es neutra y simplemente académica. Esta, en mucho, organizada y dirigida por las grandes universidades, públicas y privadas, de los países desarrollados. Y ese es uno de los asuntos principales que hay que considerar. Los contenidos de las curricula son establecidos por esas universidades que tienen una cierta orientación epistemológica e ideológica. El peligro más grande que se corre es pensar que la internacionalización debe significar la estandarización del conocimiento. Y la estandarización de un conocimiento que, en muchas ocasiones, poco o nada tiene que ver con los contextos de todo tipo en donde están ubicadas las universidades que adoptan esos estándares. La internacionalización así concebida es tremendamente dañina. Pero hay otros asuntos a considerar también. Las universidades son muy heterogéneas, en muchos aspectos. Si aceptamos esa aseveración, ¿todas las universidades necesitan y pueden pagar modelos predefinidos de internacionalización? La internacionalización no es barata.

Lo peor es que muchas universidades que no se parecen en nada o muy poco a las universidades que han implantado modelos de internacionalización, creen que imitando el modelo seguido por las grandes universidades lograrán resultados similares.

La internacionalización debe, mejor, ser concebida como una caja de herramientas de la cual hay que usar las que se considere útiles para conseguir los objetivos que la institución universitaria persigue. Y si hoy, como creo que es necesario hacer, la tarea principal de las universidades es server a la sociedad, que en América Latina y el Caribe está compuesta mayoritariamente por pobres, la internacionalización hay que usarla estratégicamente. No como un simple modelo a imitar. Imitar lo que nos es ajeno es un gran equívoco y muy costoso. Hay que aceptar que si las universidades adoptan estrategias de internacionalización equivocadas, malos resultados le ofrecerán a su comunidad y a la que sirven.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM.

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