Opinión

La insuficiencia
del TLCAN

 
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TLCAN

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha generado muchos de los beneficios inicialmente esperados. No obstante, México requiere medidas complementarias para acrecentar el bienestar.

El TLCAN, en vigor desde 1994, representó una forma de impulsar la integración económica regional mediante la reducción de barreras mutuas al comercio.

La liberalización de trabas fue gradual y diferenciada entre los países.
Con mucho, la apertura fue más trascendental para México, al menos, por dos razones. La primera es que, entre las tres naciones, la nuestra tenía las barreras arancelarias y no arancelarias más elevadas.

Además, Estados Unidos y Canadá se encontraban en una etapa de integración avanzada, en parte, porque contaban ya con un acuerdo comercial bilateral.

Aunque la apertura había comenzado a mediados de los ochenta, en vísperas del TLCAN, México aún aplicaba muchos requisitos burocráticos, como los permisos de importación y los precios oficiales, los cuales se prestaban para la manipulación de cargas impositivas.

Un beneficio inmediato del desmantelamiento de esas trabas fue la mayor transparencia y la disminución de oportunidades de corrupción.

Por lo demás, con la firma del TLCAN México envió un mensaje de compromiso sobre la permanencia de la apertura y otras reformas económicas, lo que contribuyó a la confianza de los inversionistas.

El segundo motivo de la importancia del acuerdo para nuestro país fue que, al tratarse de una economía cuyo tamaño representaba menos de la décima parte de la de Estados Unidos, era esperable que le impactara más que al resto.

Un resultado natural de cualquier liberalización comercial es el aumento de los volúmenes de importación entre los países participantes.

Durante los primeros veintidós años del TLCAN el valor nominal de las importaciones de bienes provenientes de la región por parte de las tres naciones más que se triplicó. El ocurrido entre México y Estados Unidos se multiplicó por cinco.

Al tratarse de un acuerdo preferencial, el TLCAN es inherentemente discriminatorio contra los países no miembros, lo que puede propiciar desviación del comercio en detrimento de la eficiencia productiva. Empero, la evidencia disponible apunta a que ha prevalecido la creación neta de comercio.

Lo anterior es especialmente claro para México. Su cercanía con la economía más grande y una de las más eficientes del mundo le ofrece amplias oportunidades de complementariedad en la producción.

Por otra parte, el porcentaje de las importaciones de México provenientes de Estados Unidos se ha reducido durante el TLCAN.

Adicionalmente, los flujos de inversión extranjera se han incrementado en la zona, muchos de los cuales provienen de países no miembros que buscan tomar ventaja del mercado regional.

La expansión del comercio y de la inversión ha propiciado la especialización a lo largo de las cadenas de suministro. Con ello, se ha impulsado la producción, así como el bienestar del consumidor, al tener acceso a una mayor gama de mejores productos a menores precios.

El mayor beneficio parece haberse localizado en México, considerando su menor nivel de desarrollo y de apertura inicial.

La investigación empírica revela que, si bien las ganancias de producción y bienestar por el TLCAN a nivel trilateral han sido modestas, para México han sido relativamente mayores.

A pesar de ello, el TLCAN parece haberse quedado corto en aspectos esenciales. Durante los años de este acuerdo, México ha registrado un crecimiento anual promedio del producto por habitante ligeramente superior a 1.0 por ciento, muy por debajo del de Chile y de las economías emergentes asiáticas. Además, el nivel de ingreso respecto al de Estados Unidos es similar al prevaleciente en 1993.

Sin desconocer que las posturas para impulsar la aprobación del TLCAN muy probablemente exageraron las bondades, el desempeño de la economía mexicana es decepcionante. Reconocer, aunque sea verdad, que sin el TLCAN México estaría peor, no es una respuesta reconfortante.

El bajo crecimiento de México parece reflejar el carácter dual de la economía, con sectores de elevado dinamismo en la productividad asociados al comercio exterior, y otros tradicionales de productividad declinante.

El TLCAN nunca fue una panacea, pero para que la apertura y las oportunidades internas beneficien más a toda la población, México necesita reformas complementarias. Destacan un mayor nivel general de educación, una mejor infraestructura interregional y el establecimiento del Estado de derecho en todos los rincones del país. 

* El autor es exsubgobernador del Banco de México y autor de 'Economía Mexicana para Desencantados' (FCE 2006)

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@mansanchezgz

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