Opinión

La insoportable
pesadez de Pemex

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Pemex

Pemex no se vende, presume orondo el gobierno. Evidentemente, nadie la querría ni regalada. En los últimos seis años la empresa lleva pérdidas financieras acumuladas por 327.2 miles de millones de pesos, con poco más de la mitad de la estratosférica cifra correspondiendo a los dos primeros años de la actual administración. Su nivel de producción de crudo es el más bajo desde 1984, por lo menos (Inegi no presenta estadísticas anteriores). En diciembre pasado dicha producción fue inferior en 31.9 por ciento inferior al nivel del mismo mes de 2003. El robo de gasolinas y diésel es tal que la empresa anunció este martes que transportará por sus ductos combustibles no terminados.

Y, por supuesto, están los lapidarios números de activos y pasivos. Al finalizar septiembre pasado, los segundos superaban a los primeros en 332.1 miles de millones de pesos. Mucho se explica por las pensiones futuras comprometidas pero sin reservas (éstas se cubren con el presupuesto anual), que ascendían a la bagatela de un billón 173 mil millones de pesos.

En un informe reciente la empresa informó que, a fines de octubre, el denominado “Fondo de Apoyo para la Reestructura de Pensiones” tiene cero pesos con cero centavos (es, pues, un Fondo sin fondos). La misma cifra ostenta el “Fondo de Estabilización para la Inversión en Infraestructura”. En pocas palabras: Pemex no está quebrada, sino quebradísima. Por años la empresa se ha endeudado, y lo sigue haciendo, para entregar recursos al gobierno federal. Esto es, deuda en el balance de Pemex que el gobierno registra como impuestos, un auto-engaño fiscal pavoroso.

No sólo es la pesadez financiera, que ya habría desplomado a cualquier otra empresa que no viviera en un realismo mágico digno de García Márquez (que eventualmente se solucionará convirtiendo los gigantescos pasivos laborales en deuda pública), sino su anquilosamiento. Ante el desplome de precios (que lleva meses) Pemex acaba de anunciar (también el martes) un recorte brutal en inversiones y una renegociación de contratos.

En el comunicado respectivo estableció que dos premisas del ajuste presupuestal serán “minimizar” su impacto en la producción de crudo y gas, así como la restitución de reservas. Traducción: deben esperarse (mayores) caídas en producción y restitución de reservas. Lo que más pone a temblar es que otra premisa es “minimizar” el impacto del recorte en la seguridad de las instalaciones. Antier Emilio Lozoya (director de Pemex) pronunció las palabras “recortes de personal” sin dar detalles. Lo indudable es que tocar a un sindicalizado con el pétalo de un despido sería más costoso en el corto plazo, por lo que no debe esperarse mucho.

La reforma energética no es algo menor, permitirá que empresas nacionales y extranjeras sin los lastres que tiene Pemex ocupen su lugar. A diferencia de la quiebra de Mexicana de Aviación, que abrió espacio a la competencia aérea con accionistas y trabajadores pagando el pato, su pesadez financiera será (literalmente) un regalo billonario para el sindicato. Ahí sí Pemex será una empresa propiedad de todos los mexicanos (compartiendo los pasivos).

Twitter: @econokafka

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