Opinión

La ingenuidad presidencial y la delincuencia organizada

1
 

 

toma clandestina

Hay mucho de podrido en México (y no algo en Dinamarca) cuando el presidente debe referirse en su discurso conmemorando la expropiación petrolera al imperativo de “blindar” a Pemex contra la delincuencia organizada. Preocupa esa candorosa ingenuidad porque es difícil concebir que el masivo robo a combustibles es realizado por un pequeño grupo de improvisados armados con una llave de tuercas y algunas cubetas. Cuando millones de litros de gasolina son sustraídos, transportados, almacenados y vendidos se puede deducir que los delincuentes, excepcionalmente bien organizados, no son ajenos a la empresa.

Pero no se sabe qué es peor. Apenas un día antes el titular de Educación Pública se despojó del manto de invisibilidad que lo caracteriza y mostró ser poco ingenuo y bastante claridoso. Habló de otra delincuencia organizada, conocida coloquialmente como la CNTE.

Emilio Chuayffet reconoció lo que aparentemente sólo el resto del gobierno ignora: que la Coordinadora educativa (es un decir) hace lo que se le viene en gana en Oaxaca (le faltó agregar Michoacán y Guerrero). El detalle, diría Cantinflas, es que Chuayffet enunció el problema para proclamarse impotente ante el mismo. Por su parte, el gobernador (otro decir) de Oaxaca afirmó que ha trabajado solucionando el conflicto (indudable, el problema es dilucidar a favor de quién). Visto lo rápido que la Federación cede ante la CNTE, no es para sorprender que el mandatario local tenga el mismo reflejo.

Pero la peor delincuencia organizada es aquella que, electa en las urnas, trabaja desde oficinas gubernamentales. El peor ejemplo es evidentemente el otrora presidente municipal de Iguala. Lo que pone los pelos de punta es que no representa un caso único. Se puede caer en la ingenuidad y esperar que todos aquellos que han aparecido y aparecerán en boletas electorales sólo buscan lo mejor para el sufrido pueblo. La otra sería buscar ese elusivo “blindaje”. En el caso de Pemex, el presidente Peña manifestó su esperanza de que pronto se aprobara la llamada “Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos Cometidos en contra del Patrimonio Nacional en Materia de Hidrocarburos”. No suena mal, pero, ¿el robo de gasolina todavía no es delito?

Acaso México, del que Kafka sería avezado cronista, lo que demanda es una definición amplia y elástica de “delincuencia organizada”. Porque también deberían caber en ella los innumerables funcionarios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial que sistemáticamente se sirven del cargo para negocios personales y del presupuesto para cargarle toda clase de lujos (la nota más reciente en EL FINANCIERO destaca a los incansables viajeros de la Asamblea Legislativa capitalina, con ciudades europeas entre sus destinos favoritos). Igual entendieron mal, y cuando se les dijo que su trabajo era servir a la nación entendieron que era servirse de ella. O, simplemente, esperan que sus gobernados sean unos ingenuos (lo peor es que muchas veces ciertamente lo somos).

Twitter: @econokafka

También te puede interesar:
Petróleos Mexicanos, empresa zombi del Estado
La insoportable pesadez de Pemex
La austeridad gana aplausos, Sr. presidente