Opinión

¿Qué hago para enfrentar la inflación que viene?

 
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Cartera llena de billetes

Con la elevación intempestiva de la cotización del dólar cercana a 30 por ciento respecto a 2014, sopla ya el viento de la inflación, después de que se ha logrado sostener a tasas de un dígito desde abril de 2000 y entre 3.0 y 4.0 por ciento en los últimos años. ¿Cómo podemos enfrentarla?

Primero, entendamos la naturaleza de este fenómeno. Por ejemplo, si todo subiera al doble, incluso el salario, no habría afectación en nuestra economía; simplemente, tendríamos la sensación de que todo está más caro pero el presupuesto quedaría igual.

El problema es que en un proceso inflacionario acelerado hay ganadores y perdedores; los primeros son quienes ajustan sus precios rápido y los segundos quienes se retrasan. Por desgracia, los sueldos tienden a ser lentos en reaccionar, pues las revisiones suelen ser anuales.

Ya vivimos ese proceso. En la década de los ochenta estuvimos a punto de culminar con una hiperinflación, llegando hasta 180 por ciento anual en febrero de 1988.

Curiosamente, fue la política de desliz cambiario la causante de una indización formal de todas las cotizaciones, incluyendo los salarios que se revisaban cada tres meses. La escalada descrita tuvo que ser contenida con una austeridad monetaria y también con un “pacto de solidaridad” de todos los sectores de la sociedad para acordar detener los aumentos continuos.

Queremos evitar esta crisis y el Banco de México tiene los elementos para hacerlo; sobre todo en su carácter de organismo autónomo (no dependiente de la autoridad presidencial), siendo su objetivo central el de procurar la estabilidad, léase: “mantener la inflación baja”.

Por lo pronto, el aumento del tipo de cambio está incidiendo en los precios de bienes importados, pero el problema es que con la globalización el grueso de los productos tiene cierto contenido de insumos externos y la elevación de sus costos repercutirá en todas las cotizaciones internas.

Como el Banco de México no puede frenar el alza, deberá actuar restringiendo la oferta de dinero a través de un incremento en las tasas de interés y ello generará un costo productivo y de disparidad de precios relativos. Es decir, dañará en forma irremediable la economía de las familias.

Las recomendaciones en el terreno personal son muy claras.

En principio, adelantar compras si tenemos la certeza de la elevación de sus precios al mismo grado que el tipo de cambio; en segunda instancia, procurar un crecimiento de los ingresos para cubrir la inflación; y tercero, prevenir que el ahorro tenga un rendimiento real.

El próximo jueves abundaré en estos temas.

Twitter: @finanzasparami

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