Opinión

La inflación en Argentina:
Una historia que no debería repetirse

 
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Argentina

Recientemente The Economist publicó un artículo titulado Argentina’s new, honest inflation statistics en el que recordaba que hace cinco años esa revista dejó de publicar las estadísticas oficiales por considerarlas falsas y cómo esa censura fue también seguida posteriormente por el Fondo Monetario Internacional.

En el artículo también celebra que la revista ya volvió a publicar las estadísticas oficiales de inflación. La inflación en el Gran Buenos Aires resultó en abril del 27.5 por ciento, cifra no muy diferente de la que se estimaba había en tiempos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, salvo que en aquellos oscuros años de la estadística la inflación oficial se estimaba en alrededor del 10 por ciento.

Recuerdo las amenazas y acusaciones a todos los que se atrevieran a publicar un indicador de inflación diferente al oficial y cómo ello provocó que la información que se utilizaba para tener una mejor idea de la inflación en Argentina era generada fuera de ese país por la empresa PriceStats, que construye índices de precios a partir de información que está en internet. Construir un índice de inflación de esa manera tiene grandes desventajas desde el punto de vista estadístico cuando se le compara con una medición tradicional realizada de manera rigurosa, pero sin duda era mejor que la manipulada medición oficial.

Recuerdo los absurdos de aquellos tiempos cuando en las negociaciones salariales de los trabajadores del gobierno el aumento de los salarios era de más del doble de la inflación oficial, lo que reflejaba que ni ellos mismos creían la cifra que estaban publicando o, mejor dicho, que ellos mismos sabían que era falsa.

Recuerdo la vergüenza de colegas argentinos cuando en el pleno la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas se criticó el manejo político de las cifras de inflación en Argentina y los vanos intentos de respuesta de la representación diplomática de ese país.

También tengo en la memoria que Argentina no quiso participar en el mayor ejercicio global en materia estadística, que es el Programa Mundial de Comparación de Precios, un plan fundamental para realizar comparaciones entre las economías en una sola moneda y en términos ‘reales’, es decir, eliminando el efecto de los precios. En la ronda del 2011 participaron 199 países o economías y Argentina quedó fuera por propia decisión, quizá por temor a que fuera puesta en evidencia su estadística de inflación.

Es difícil imaginar la cantidad de decisiones erróneas que se tomaron por no contar con la inflación verdadera o las que dejaron de tomarse por la misma razón; pero no cuesta trabajo entender la dificultad de los actores de la economía cuanto realizaban negociaciones salariales sabiendo que la información oficial estaba manipulada o el pago injusto a proveedores o tenedores de bonos cuando el rendimiento estaba basado en la inflación y un largo etcétera de impactos en la vida diaria causados por manipular la estadística oficial.

Historias como ésta no deberían repetirse y sin embargo lo que estamos viendo en Venezuela es todavía peor, en ese país se dejaron de publicar cifras de inflación. Todo mundo está a ciegas, adivinando. Un desastre total. Muy bien por el presidente Mauricio Macri de Argentina.

*Profesor Asociado del CIDE

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