Opinión

La infinita inoperancia de los verificentros

 
1
 

 

ME verificación (Especial)

Tanya Müller, secretaria del Medio Ambiente en la capital, dio entrevistas aquí y allá; lo mismo era en estaciones de radio que en televisión; por supuesto, también se le vio en diarios y revistas. Siempre nos dijo que la gran ciudad y eso llamado Megalópolis estaban listos para instrumentar y operar un nuevo sistema que mediría con eficiencia y prontitud el grado de contaminación que emiten los más de cinco millones de vehículos que circulan en el valle metropolitano.

Ya transcurrió la primera semana de julio y, al caos vehicular que han provocado los maestros disidentes de Oaxaca, Chiapas y la permisión de que salgan a estorbarse unos a otros los más de cinco millones de vehículos, ahora tenemos que los verificentros son inocultables trampas para cualquier ciudadano que se vea, como es el caso de millones, obligado a necesitar de sus servicios.

De entrada, la secular tradición de alterar los registros a cambio de algunos billetes se mantiene con solidez de roca. Algunos medios de difusión así lo han detectado y publicado; prácticamente todos los informativos y analistas han descubierto que el mejor atajo para verificar el auto y salir con la aprobación de un holograma de cero y hasta doble cero es una buena propina.

Lo mismo el secretario federal del Medio Ambiente, cobijado bajo las siglas de la Semarnat, que el presidente de la Comisión de eso llamado Megalópolis y claro, del señor jefe de Gobierno de la actual Ciudad de México, nos aseguraron vendría una nueva época: mucho más rigor en la evaluación de los vehículos, supervisión de las fuentes de contaminación fijas como son industrias, talleres, fábricas y el resultado, claro está, sería un medio ambiente mucho más limpio ya que nos librarían de los gases HC, CO, CO2 y NOX.

Con este preámbulo, se daría lugar a un programa de acción climática y proaire que permitiría a las viejas generaciones tener menos enfermedades respiratorias y vivir un poco más y, a los recién nacidos de la Ciudad de México, un horizonte inigualable. “Será una ciudad mucho, mucho más limpia que permitirá crear mejor desarrollo para todos” (Mancera dixit).

El caso es que desde el primer día se dieron las primeras clausuras por diversos motivos, ya fuera porque había irregularidades en la revisión de los sistemas de escape o la falsedad de datos en los filtros de aire, la falta de bayonetas en los tanques de aceite o en las fugas de fluidos y hasta en el inflado de los neumáticos.

De este modo, vimos fotos y videos en que, inclinados sobre los rodillos que están en el suelo, los funcionarios de la Profepa (Procuraduría Federal de Protección al Ambiente) ponían sellos engomados en los que se leía: Suspensión.

Así castigados, numerosos verificentros cerraron sus puertas.

Otros, los más, no tuvieron la oportunidad de verificar los autos que entraban, ya que sus trabajadores no están familiarizados con los nuevos dispositivos y protocolos del novísimo sistema OBDII, que conecta con la computadora individual de cada vehículo. Ni el usuario ni el encargado de verificar sabían qué hacer y por ello los establecimientos han ido cerrando, uno tras otro hasta los inconcebibles: de 67 verificentros en la recién designada CDMX, ¡sólo cuatro! están cumpliendo con la tarea encomendada.

¿Por qué en lugar de festinar el nuevo sistema no se capacitó a los empleados de esas concesiones?, ¿acaso no se previó que, como tantos procedimientos nuevos, se requiere de un tiempo de preparación y de consolidación de lo aprendido?

Por si fuera poco, uno de los integrantes de la Megalópolis formada por la gran Ciudad, Edomex, Tlaxcala, Puebla y Morelos, este último decide no participar sino hasta dentro de seis meses ya que sus verificentros carecen absolutamente de la nueva tecnología. ¿No nos dijeron que todos estaban coordinados y debidamente preparados para dar ese gran paso?

Hoy vemos que nos volvieron a tomar el pelo. O es falta de capacitación o sigue la corrupción. O es impericia o irresponsabilidad. O es incompetencia o negligencia. En cualquier caso, lo que se ve con claridad es la falta de respeto a la ciudadanía que no cuenta sino para robustecer la opacidad y la demagogia del servidor público.

Una vez más, otro elemento para condimentar el mal humor social.

Twitter: @RaulCremoux

También te puede interesar:
Se llama insurrección
Hay Beltrones para rato
Son niños, no valen nada