Opinión

La incógnita ante la exportación de capital

La primera plana de ayer de este periódico nacional, obligado entre especialistas del mundo financiero y económico de México, dio cuenta del interés de muchos empresarios de nuestro país por invertir en algunos ámbitos de la actividad económica española que han venido a quedar en inmejorables condiciones de participación, virtud a la disminución de su precio con motivo del entorno económico desfavorable por el que ha atravesado la península ibérica durante los últimos años.

La noticia contrasta con relación a la otra publicada en la página 6 del mismo circulante, en la que se dio cuenta de las declaraciones hechas por el presidente de la Concamin, Francisco Funtanet, en el sentido se que a pesar de que la reactivación económica e industrial ya inició, el empresariado mexicano debe ocuparse de asegurar el crecimiento consistente y cada vez más acelerado de la producción de bienes, lo que garantizará el de la economía de nuestro país.

¿Cómo es posible que, por un lado, la economía necesite crecer con cierta rapidez para asegurar mejores condiciones de vida de la ciudadanía y, por el otro, los empresarios y capitalistas que pueden llevarlo a cabo destinen sus recursos a la compra de negocios en otro país?

Bajo ningún concepto pretendería sugerir que el gobierno debiera hacer algo para imponer una política de tipo “corralito” para evitar que el capital nacional salga en búsqueda de oportunidades en el extranjero; pero sí, en cambio, me interesaría en saber qué sucede en México que no logra la culminación del proyecto que desde hace dos años ha arrancado y que no se ha traducido en ese crecimiento que todos anhelan con impaciencia.

Sin lugar a dudas la culminación de procesos legislativos que atañen al cambio de las reglas conforme a las cuales se llevan a cabo múltiples actividades económicas en México, en el marco del Pacto por México, fue un gran acierto sin el cual no podríamos plantear escenarios de crecimiento en el mediano plazo; son nuevas leyes que empezarán a dar resultados como la colocación de crédito o el mejoramiento de la recaudación (motivo de la reforma financiera y de la reforma fiscal).

Evidentemente que los efectos inmediatos que producirá la expedición de la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, particularmente mediante la implementación de condiciones que propicien una mayor competencia en el mercado, que podrían esperarse en el plazo de unas cuantas semanas o contados meses antes de 2015, beneficiarán el bolsillo de todos los mexicanos, como también las condiciones conforme a las cuales los empresarios gozarán de insumos esenciales para la realización de sus actividades cotidianas, como contar con servicios de banda ancha eficientes y a mejores precios.

No pueden dejar de desatenderse las consecuencias que traerá aparejada la expedición de las múltiples leyes en que se materializará la reforma energética, pues el mejor destino de los recursos del país y la mayor inversión en la generación de servicios en hidrocarburos, pero sobre todo en la generación de energía eléctrica, acercará este último insumo a precios que serán competitivos con relación a otras latitudes.

No obstante todas las reflexiones anteriores, insisto en esta ocasión que existirán dos rubros de la vida nacional que seguirán dejando al descubierto dos defectos de los que adolece México y por los que la inversión esperada podría verse amenazada o, cuando menos, sí disminuida: la educación de su gente y la certidumbre jurídica.

Al hablar de la educación no sólo me refiero a la enseñanza escolar en los sistemas públicos o privados, que bien o mal podrán mejorarse; más bien aludo a la idiosincrasia nacional que nos permite vivir desordenadamente y sujetos a un régimen concebido de prepotencia e ilegalidad sin consecuencias, como aquella que nuestros compatriotas han demostrado en Brasil la semana pasada o en otros eventos de igual naturaleza. Un modelo de convivencia en el que nos discriminamos entre sí, nos concebimos intocables y somos complacientes con la impunidad, inevitablemente.

Nuestra manera de conducirnos, fuera de todo respeto por las normas elementales de convivencia en el trabajo, la casa y en general en nuestra vida común, constituyen un desaliento para cualquier persona, en el proceso de hacer negocios con nosotros.

Respecto a la certidumbre jurídica, con independencia de que pueda apreciarse como una causa o un efecto del punto anterior, constituye quizás el primer factor que inhibe la realización de inversiones serias y de largo plazo a nivel nacional. Es la falta de seguridad que produce el temor de que las normas jurídicas no se cumplan o que, habiéndose incumplido, no existan procesos eficaces para remediar la situación.

Tenemos la tarea e inaplazable obligación de cambiar nuestra forma de hacer las cosas con el objeto de alinear nuestra conducción a los cauces que establece el derecho, pues es esta práctica la única que puede significar la concreción de los ideales que han sido planteados en los procesos que esta Legislatura y el presidente de la República han iniciado para transformar al país.

Esta conclusión es la única que queríamos resaltar con el objeto de reconocer la importancia que tiene la declaración y planteamientos hechos por el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, el magistrado Edgar Elías Azar, en el sentido de aplicar los recursos económicos necesarios para lograr la más pronta implementación de los nuevos sistemas de justicia oral en el país.

La transformación del sistema judicial es la piedra angular en la que descansa la auténtica transformación de México. La procuración e impartición de justicia efectiva constituirán el camino idóneo para terminar con la impunidad y cambiar ese sentido idiosincrático del desorden que tanto perjudica a los mexicanos, aquí y más allá de nuestras fronteras. Hagamos votos porque legisladores, jueces y procuradores de justicia encuentren la fórmula ideal para concretar, cuanto antes, ese cambio de paradigma en el campo de la aplicación del derecho que influya en el desarrollo y transformación del país que estamos buscando.