Opinión

La imprudencia

 
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[Vicente Fox/Expresidente de México/Imagen de archivo/Cuartoscuro]  Va por buen camino, señala ex presidente.

Gil no da crédito y cobranza. Cada vez que lee alguna declaración del expresidente Fox considera que el país no desapareció de milagro durante su sexenio. Bueno, a lo mejor sí desapareció y nosotros con él. Gil imagina una nota de un futuro historiador del siglo XXV: hubo un tiempo en que México ocupaba un lugar en el norte del continente americano, pero desapareció cuando Vicente Fox tomó el poder en el remoto año 2000. Una lástima pues los mexicanos eran buenas personas; algo mentirosas y ruidosas (osas-osas), pero más o menos buenas.

Gil lo leyó en su periódico Milenio. En qué cabeza cabe esta declaración: “Yo insistiría en que hay que mejorar la estrategia, la estrategia tiene que ser de gran inteligencia, tiene que ser de búsqueda para terminar con la violencia sin provocar violencia, yo creo firmemente, inclusive lo he llegado a mencionar, que se puede dialogar hasta con los criminales, todo ser humano es rescatable, todo ser humano merece una segunda oportunidad”. Gil cayó aparatosamente sobre la duela de cedro blanco y sufrió convulsiones histéricas como las que Charcot vio en la Salpêtriére.

Oportunidades

Dios de bondad, el expresidente de México recomienda dialogar con los criminales como método político y jurídico para disminuir la violencia. Afirma además que todo ser humano merece una segunda oportunidad.

Gamés imagina al Mayo Zambada platicando con Fox: como te iba diciendo, Fox, necesito una segunda oportunidad. Me gustaría ser secretario de Hacienda, ¿tú crees que quiten al Videgaray y me pongan a mí? Merezco una segunda oportunidad. Gil siempre dice esto: México recibió un castigo divino cuando Fox se convirtió en el presidente de la alternancia. ¡Maldición!

Dice el Fox (el artículo es importante): “Es un asunto complicado, pero te cito un ejemplo, el problema de Libia, de alguna manera se están haciendo negociaciones y sosteniendo diálogo, ahora sí que como dijo Napoleón: ‘los tambores sonando y el diálogo caminando’”.

Un grito desgarrador se oyó en el amplísimo estudio: ¡Aaay!, mis hijooos! Después del lamento, Gamés cayó al piso y estalló en risotadas inverecundas. La frase se Napoleón es absolutamente cierta, sólo que el Fox se refería a Napoleón Gómez Urrutia: “los tambores sonando y el diálogo caminando”. ¡Aaay, mis hiijooos! ¡Colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que vendaaa!

Fox opina sobre Libia. Como todo mundo sabe, Libia es un pueblito muy pintoresco ubicado cerca de Celaya en el cual se vende dulce de leche, comercio que ocasionó algunos problemas que se solucionaron, para fortuna de todos, en arduas negociaciones. Martha y el Fox han pasado ahí unos días muy agradables. Libia, anjá.

Dice el Fox: “Los que se van al lado del crimen es porque no tuvieron la oportunidad de participar en música, en una orquesta sinfónica, de tener un empleo y una ocupación productiva, de tener un ingreso para sostener una familia, de tener un espacio en la universidad, mientras no proveamos esos mínimos necesarios de oportunidades a todo el mundo en México, seguiremos en esta confrontación”.

Con razón, cuando Gil oye a la Orquesta Filarmónica de México observa en las caras de los músicos a sicarios reeducados. Solución: crear una, mil orquestas para que el narco quede aislado, sin integrantes, en soledad y México tenga cientos de miles de músicos. ¿A qué te dedicas? Soy violinista, pero el destino me llamaba para ser un narco de envergadura.

Medina Mora

La tempestad que ha ocasionado la propuesta presidencial para que Medina Mora integre la Suprema Corte de Justicia le ha recordado a Gil que en política la imprudencia descompone relojes suizos. Director del Cisen, secretario de Seguridad Pública, Procurador General de la República y embajador en Londres y Washington, éstas son las cartas credenciales de Medina Mora.

En un gesto histórico, Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ahora resulta que hay que ser Churchill para tener sentido común; Bismark, para medir las consecuencias de una decisión a la trompa talega. Hubo un tiempo en que los políticos como veían daban, sin buscarle tres pies al chaleco.

No hay un alma caritativa (no es pregunta sino afirmación), un asesor, alguien que diga: señor presidente, Medina Mora fue un funcionario activísimo de una política que dejó un panteón de cien mil muertos y más de veinte mil desaparecidos, la verdad sería un poco demasiado que estuviera en la Suprema Corte, ¿no lo cree usted?

Que Gamés recuerde, en su columna “Duda Razonable” de su periódico Milenio, Carlos Puig llamó la atención sobre esta bravuconada, imprudencia, o como se llame, consistente en proponer a Medida Mora como presidente de la Suprema Corte.

En su periódico Reforma, Silva Herzog Márquez ha escrito que la aprobación del nombramiento sería un homenaje a la guerra: “si los partidos representados en el Senado creen que la guerra de los últimos años merece un homenaje, deben apoyar con entusiasmo la propuesta de Peña Nieto. Y proponer al Comité Noruego que Felipe Calderón reciba el premio Nobel de la Paz”. Ups, más claro ni el agua clara de la fuente de los errores políticos y las necedades presidenciales.

La máxima de Baltasar Gracián espetó dentro del ático de las frases célebres: “Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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