Opinión

La improductiva cantaleta de la productividad

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Los esfuerzos gubernamentales en torno a la productividad tienen un aire atractivo para los nostálgicos de los planes quinquenales soviéticos o aquellos aficionados a observar el arduo e inútil esfuerzo de una ardilla girando en una jaula. Hay dos episodios recientes destacables al respecto. El primero, por supuesto, es la consagración legal del tema. El 7 de mayo entró en vigor la Ley para Impulsar el Crecimiento Sostenido de la Productividad y Competitividad de la Economía Nacional (de veras, así se llama).

En la flamante ley domina la rimbombancia. El gobierno tendrá, dice, óptica y políticas transversales, y abundan verbos como fomentar, impulsar y promover. La administración federal se erige nada menos que como un sabio Gran Hermano económico con visión para constituir clústers, enlazar cadenas productivas y reasignar recursos. Los actuales funcionarios federales, al parecer, tienen una desperdiciada vocación y capacidad empresarial.

¿Qué se puede esperar? Un indicativo, segundo episodio destacable, es la Tercera Reunión Ordinaria del Comité Nacional de Productividad (CNP), celebrada el 14 de mayo. El brevísimo comunicado de la Secretaría de Hacienda establece que sus egregios miembros presentaron unos lineamientos tanto para “importantes generadores de empleo con baja productividad” (traducción: changarros) como para integrar a Pymes en industrias como la automotriz y (faltaba más) la aeroespacial. Para los changarros se propusieron tres medidas: formalización, uso de tecnologías de información y fortalecimiento de capacidades de gestión. Esto es, que el taquero de la esquina y sus trabajadores se registren en el IMSS, tengan internet y mejoren su contabilidad. ¿Se harán más tacos por hora? Nada debe descartarse, por supuesto, pero es dudoso. Para las Pymes se “aprobaron estrategias concretas”. ¿Cuáles? El escueto boletín no lo dice.

Al gobierno le pasa con la productividad lo mismo que con la inseguridad: lleva dos años y medio de muchas palabras, pero magros avances. Por ejemplo, hay progreso en la “formalización”. El número de trabajadores en el IMSS al cierre de abril, 17.60 millones, es un récord, 1.55 millones más que al iniciar el sexenio. Un logro, pero aparentemente sin impacto sobre la productividad. Al contrario, las recientes revisiones del Banco de México y Hacienda sobre el crecimiento muestran que 2015 será otro año mediocre, con 2016 tampoco espectacular. ¿Pero quién podía esperar que obtener un registro en el IMSS haría a un trabajador más productivo?
Aparentemente, el gobierno y el CNP.

¿Qué podría hacer la administración peñista para estimular la productividad en serio? Destacadamente, corregir los costos y distorsiones que ha implicado la reforma fiscal, aparte de quitar otros numerosos estorbos gubernamentales a la actividad empresarial. ¿Qué ha anunciado el gobierno al respecto? Que no habrá cambios fiscales durante el resto del sexenio. La cantaleta de la productividad, si se distingue por algo, es por improductiva.

Twitter: @econokafka

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