Opinión

La impostergable desconcentración

Como muchos, yo creo, el mensaje del Presidente por el que se anunció la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México me provocó no sólo alegría, sino un verdadero sentimiento de aliento y de esperanza, de que sí se pueden llegar a hacer las cosas, por difícil que parezcan o grandes que sean. El proyecto refleja la visión de un nuevo país y de un futuro más prometedor para las generaciones que vienen.

Desde luego que la empresa no es menospreciable en modo alguno, no sólo las dimensiones y el costo de la obra reflejan una aspiración superlativa, sino su proyección en términos de operaciones anuales la colocan a la vanguardia de las terminales aéreas del todo el planeta. El crecimiento que tales operaciones y dicha infraestructura traen aparejado son encomiables.

Mi primera pregunta tuvo que ver con un tema que ya se empieza a aclarar: ¿Qué se va a hacer con las instalaciones del aeropuerto internacional que ahora dejará de funcionar? Es evidente que la desocupación de los terrenos del actual aeródromo arrojará en un plazo de cuatro años una superficie de terreno que, bien ocupada y debidamente aprovechada, puede significar un aprovechamiento urbano en términos ambientales y de sustentabilidad, no sólo ecológica sino social, incomparable con respecto a cualquier uso de espacios públicos en épocas recientes. El Distrito Federal podría tener en las pistas del espacio desocupado un nuevo bosque de Chapultepec, con toda la repercusión en el ámbito deportivo y de salud pública que ello significaría.

La segunda pregunta que me vino a la mente, sin embargo, fue para mí la más relevante: ¿Por qué se van a tener 120 millones de operaciones de aterrizaje y despegue al año?

No es que no sea beneficioso para el país generar un mayor tránsito de personas y decidir la adecuada utilización de nuestro espacio aéreo e infraestructura terrestre para recibir y desplazar visitantes hacia el gran número de destinos turísticos que hoy tenemos y los que podrían llegarse a desarrollar, pero la previsión de tan cuantioso número de operaciones aeroportuarias sin un inmediato plan de desahogo o canalización de pasajeros podría ser inconveniente para la ya muy saturada capital del país y su zona conurbada.

Quiero decir con lo anterior que, en la víspera del crecimiento económico previsible que acarrearán las reformas energética, financiera, de telecomunicaciones y las que se le agreguen, sería sumamente sano y oportuno pensar en un plan inmediato de desconcentración de las actividades administrativas del Estado, que provoque el simultáneo nacimiento o crecimiento de otros polos de desarrollo nacional, distintos de la capital. El bienvenido anuncio del aeropuerto parece incompleto ante la ausencia de un plan de descentralización territorial que permita el crecimiento más ordenado y sustentable de las grandes urbes que pueden conformar al México del mañana.

La Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano nace en esta administración y, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 41 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, cuenta con atribuciones suficientes para impulsar políticas públicas que armonicen el crecimiento urbano. El Secretario Ramírez Marín ha hecho lo propio y, además de impulsar programas que rehabilitan a la industria de la construcción, tratándose concretamente del proyecto del aeropuerto aclara lo conducente a la tenencia de la tierra.

Sin embargo, sin importar la conducción asertiva de la Secretaría, en este caso hablamos de una decisión superior, que escapa al ámbito de atribuciones del propio titular: la reubicación de las dependencias del Ejecutivo Federal.

Una reorganización territorial del gobierno, idea que comparten tantos mexicanos, permitiría el descongestionamiento de la ciudad y el crecimiento de otros centros urbanos que agradecerían la derrama económica y el trabajo que esto llevaría aparejado.

Estoy seguro de que el país camina en el rumbo correcto, con ideas conjuntas y un diálogo con los gobernadores de los Estados, el resultado podría ser exponencialmente más beneficioso para todos.