Opinión

La importancia de visitar museos

 

En esta época de vacaciones escolares, es muy recomendable revisar las opciones artísticas y culturales que nuestras ciudades nos ofrecen. Además de ser una forma de entretenimiento, estas actividades aportan a niños y jóvenes experiencias sensibles y educativas que serían difíciles de disfrutar en otros contextos.

Los museos, por ejemplo, son importantes para la transformación social de los países. Son más que mausoleos donde se guardan y muestran “cosas viejas”. El Consejo Internacional de Museos de la Unesco define museo como “una institución permanente, sin fines de lucro y al servicio de la sociedad y su desarrollo, que es accesible al público y acopia, conserva, investiga, difunde y expone el patrimonio material e inmaterial de los pueblos y su entorno para que sea estudiado y eduque y deleite al público”. Visto así las funciones de un museo son variadas, pero básicamente generan y difunden conocimiento a partir de un acervo propio.

Esta concepción empezó en el siglo XIX, cuando se conforman en Europa (en Francia, después de la Revolución) los primeros museos nacionales bajo la premisa de mostrar al pueblo su patrimonio cultural, buscando el justo equilibrio entre el contenido histórico y las cualidades estéticas de lo expuesto, para dar sentido a una identidad nacional. Así, sin importar si es de arte, ciencia o antropología, la institución museística había seguido este paradigma hasta entrado el siglo XX.

En 1969, Pierre Bourdieu publica su texto El amor al arte. Los museos europeos y su público. En él expone la crisis de ese modelo a partir de varios estudios estadísticos, concluyendo que después de la etapa estudiantil, sólo el público con un bagaje y educación cultural previa, continúan visitando regularmente museos.

Esto ha originado agresivas tácticas de captación de públicos, como las tiendas de museo, cafeterías, restaurantes, las famosas blockbuster exhibitions, olvidándose de sus funciones educativas y de investigación. Si el museo como fórmula está en crisis, es por el tipo de relación que construye con la obra expuesta y el público. La forma de mirar nuestro pasado y presente como nación y humanidad ha cambiado. Es obvio que las lecturas históricas lineales desvanezcan el vínculo con ese patrimonio simbólico, material o de conocimiento que hemos heredado, incluso podemos ser indiferentes y ajenos a él.

Afortunadamente, cada vez más instituciones están conscientes de que la “creación de significado” es dinámica y variable, además de estar en concordancia con los intereses del público que también se modifican constantemente. A través de la interactividad, el conocimiento relacional y no excluyente, así como los departamentos educativos, los museos llevan a cabo programas que ayudan a la asimilación de los contenidos, de una manera didáctica y hasta lúdica.

Nuestros museos, nacionales, estatales, universitarios, locales y hasta de barrio nos ayudan a visualizar y contextualizar nuestra actualidad social o cultural, también sus transformaciones y desarrollo. Si el modelo museístico está a la deriva, el público tiene la capacidad de transformar las instituciones con su retroalimentación.

Visitando los museos, siendo críticos y reflexivos ante sus colecciones permanentes y temporales, hacemos nuestro un patrimonio que nos corresponde, como pueblo y humanidad.