Opinión

La impopularidad de EPN le allana el camino a un populista

1
 

 

Peña Nieto

La popularidad del presidente Peña Nieto va en caída libre. El desplome es significativo cuando no cruzamos aún la mitad del sexenio, e introduce un grado de complejidad incómodo para los próximos años.

Sobran motivos, algunos más importantes que otros; algunos merecidos, otros no tanto. Claramente, hay un amplio grupo de mexicanos que criticarían a Enrique Peña Nieto por no saber nadar, si éste caminara sobre el agua. Sin embargo, debe preocuparle que para quienes veíamos la aprobación de las reformas como un cambio histórico en el rumbo del país, su desempeño posterior ha sido una cubetada de agua helada.

El pésimo manejo de la crisis de corrupción, la paupérrima respuesta a la “fuga” de El Chapo y las flagrantes ejecuciones de periodistas son señales inequívocas de podredumbre estructural. El problema no es que la haya, sino que no se busque resolverla. Mientras que en Brasil hay una limpia contundente en la que fiscales claramente empoderados encarcelan a empresarios prominentes y podrían acabar haciéndolo con el propio expresidente Lula, en Guatemala la Suprema Corte investiga al presidente Pérez Molina y su vicepresidenta renuncia por un escándalo aduanero, y en Perú se investiga a la primera dama por corrupción, en México todo sigue igual y me aterra ver que la autocensura va paralizando a los medios que discretamente le sacan la vuelta al tema.

En cuanto a la “fuga” de El Chapo, surgen más preguntas. Ante las respuestas surreales, las teorías de conspiración –sensatas o fantásticas– aumentan. El gobierno se conforma crucificando a los “sospechosos usuales”, y se manifiesta indignado porque la incredulidad crece.

El gobierno de Peña Nieto parece estar perdido. Es un gobierno que está más ocupado reaccionando que señalando el rumbo. Suscita escepticismo. Resulta inverosímil, por ejemplo, que la embajada de México en Estados Unidos, la más relevante para la diplomacia mexicana, lleve cinco meses sin titular, cuando Estados Unidos ya nombró a Roberta Jacobson, una embajadora inobjetable y de primer nivel.

Los cambios en el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca son bienvenidos, pero resulta imposible entusiasmarse después de que el gobierno se echó para atrás en las evaluaciones justo antes de las elecciones y, por si fuera poco, ¡después negó haberlo hecho!

Otras crisis tienen poco que ver con acciones del gobierno. Se les critica por el debilitamiento del peso. Me parece curioso que en el mismo día recibí solicitudes de entrevista sobre el mismo tema de medios en México y Colombia, y en ambos casos los entrevistadores buscaban que le echara la culpa a las economías locales. Lo que realmente ocurre es que es el dólar el que se aprecia respecto al resto.

La economía estadounidense sigue su gradual recuperación, y cuando el proceso de “relajamiento cuantitativo” de la Reserva Federal está terminando, apenas comienza el de otros bancos centrales como el europeo y el japonés. Sí, ha habido un preocupante deterioro fiscal en México en los últimos años, pero los números del país siguen siendo mejores que los de muchas economías desarrolladas. No va por ahí.

Evidentemente, el gobierno tampoco tenía cómo saber que el precio del petróleo iba a caer. Esto se ha debido a un cambio estructural en la estrategia de Arabia Saudita, buscando desincentivar a productores de “shale” estadounidenses y de arenas bituminosas canadienses; es para recuperar participación de mercado. Además, el levantamiento de sanciones a Irán provocará un incremento en sus volúmenes de exportación, lo cual presiona aún más el precio a la baja. Ninguno de estos factores era predecible, pero sí complicarán la apertura energética de México.

Las pésimas reacciones de la administración peñista confirman lo mal asesorado que está el presidente. Le urge meter sangre nueva a su equipo. Está pagando el costo de no escuchar otras voces. Abraham Lincoln, uno de los genios políticos de la historia, formó un famoso “equipo de rivales”, invitando a enemigos declarados a su gabinete. La historia demuestra la falta de creatividad de equipos homogéneos, que desarrollan una miopía peligrosa y se vuelven intolerantes a la disidencia. ¿Habrá algún impedimento formal que desconozco a nombrar funcionarios que no sean mexiquenses (o de Hidalgo)?

La imagen presidencial no se corregirá sola, no se resuelve inaugurando estadios vacíos para evadir el abucheo, no se arregla con la billetera de Sedesol. Se gesta un riesgo enorme. Le está poniendo la mesa a un populista, cuyo camino a Los Pinos será allanado enemistándose con el impopular presidente, con el PRI y con su equipo.

Serán enormes los incentivos para, posteriormente, iniciar una cacería de brujas contra quienes lo rodean. Si no por otros motivos, ése debería ser uno poderoso para dar un claro golpe de timón. El sucesor de Enrique Peña Nieto difícilmente replicará la mesura que éste manifestó al suceder a Montiel en la gubernatura de su estado.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
Seguimos vendiendo oro para comprar espejitos
El presupuesto base cero no funciona sin cambio de mentalidad
Lo grave es la respuesta, no la fuga