Opinión

¿La historia real jamás contada?

Drácula, la historia jamás contada o la leyenda verosímil. En Drácula, la historia jamás contada (2014, Gary Shore), la leyenda de ese Hijo del Diablo que es inmortal sigue dando frutos. Y ante lo inevitable que resultaría presentar de nuevo el material original basado en Bram Stoker y su novela homónima; también ante lo imposible que es reconstruir la leyenda negra de Vlad Tepes el empalador, Vlad III Draculea (1431-1476), lo que queda es tomar un medio camino para poner al día la idea posmoderna de que el personaje, Vlad (Luke Evans), puede ser un demonio encarnado, pero también un personaje real. Así, queda la historia entre lo verosímil y lo irreal. La leyenda, pues, es despojada de su aura de mentira, y se propone la duda de que el cruel rey que disfrutaba comer ante el espectáculo de sus enemigos gritando de dolor mientras eran empalados, en realidad es la del ser que se convirtió en poderoso vampiro que podía comandar con la voluntad un ejército de murciélagos.

Drácula, la historia jamás contada o el relato de siempre. El film de Shore posee el estilo neoclásico de un relato que abreva en las fuentes originales de la leyenda para crear una historia que en el fondo tiene como único sustrato de realidad a Marcel Schwob (1867-1905) y su Cruzada de los niños (1896); elementos sustanciales para describir desde lo más interno el auge de Vlad y su vocación por el martirio, en principio para salvar a su pueblo de caer en manos del cruel príncipe turco Mehmed (Dominic Cooper). No queriendo repetir en su hijo Ingeras (Art Parkinson) la historia de secuestro bélico que ahora es su legado, el violento Vlad se rebela ante el destino al que parece condenado su hijo y cae en las garras del maestro vampiro (Charles Dance), quien decide transmitirle su maldición para que él sobreviva y se convierta en héroe de Transilvania, ya que con sólo desearlo podrá derrotar todo un ejército. Ese tono de “historia jamás contada”, confirma que estamos ante el relato siempre contado de ese vampiro condenado a ser quien es por los siglos de los siglos. Sobre todo en su aspecto más romántico puesto que busca recuperar a su amada Mirena (Sarah Gadon). En especial cuando encarna ella misma como Mina, Harker, por supuesto.

Drácula, la historia jamás contada o la habilidad de convertir en real la leyenda y en irreal lo legendario. El elemento fantástico queda siempre suelto para permitir todo tipo de interpretaciones puesto que por un lado el guión original de Matt Sazama y Burk Sharpless, le debe tanto a la historia original de Vlad Tepes, como a la novela de Stoker. Esto debido a que los personajes y su concepto de inmortalidad provienen de la novela y la realidad de las batallas que presenta sobre la probable conquista de Europa a manos de los turcos tiene un ligero dejo histórico, lo suficientemente verosímil como para cimentar la duda de si estamos ante una historia de la vida real o ante algo que tuvo un cariz fantasioso que se perdió en la noche de los tiempos por ser en el fondo una leyenda para asustar extraños. Como los guionistas suponen que la duda mata al manejar la leyenda como realidad y viceversa, creando un mar de confusión, a lo que le apuestan es a una falsa realidad que, pero por supuesto, tiene la eficacia de un cuento de terror.

Drácula, la historia jamás contada o el monstruo favorito. Costoso film serie B de cien millones de dólares que busca hacer hiperrealista un personaje que pertenece más al terreno de la ficción que de la historia, lo que consigue es reciclar al monstruo más famoso de la nómina de Universal Studios. De ahí el desconcertante, absurdo y cínico final en tiempo actual, traicionando bastante la lógica del relato que se sostuvo a lo largo de su breve discurso. En el fondo lo que pretende es afirmarse en su raíz romántica que narra la vida de un padre amoroso que sacrifica su alma para mantener a su país fuera del yugo turco y de la lógica belicista que le quieren imponer. Por ello Shore reinventa lo ya sabido como original y confunde la historia con la fantasía como algo que tiene la intensidad de un cuento de terror. A su vez, su esencia romántica, con sacrificios, heroísmo, mitología y las reglas del juego de cualquier film de terror convencional sobre vampiros, habla de que los géneros fílmicos tienen capacidad de recuperación, aunque cada vez resulte más oneroso sostener una mitología desbordada de principio a fin.

Lo que este film del debutante Shore subraya es que este Drácula, curtido en el arte de la guerra desde su más tierna infancia, huye de la violencia puesto que en su mundo, tanto entonces como ahora, ya no existe lugar para héroes. Sólo para monstruos.