Opinión

La historia lamentable de nuestras asambleas constituyentes

17 febrero 2017 5:0
 
1
 

 

Constitución. (Gob.mx)

Hace más de medio siglo, sin que yo tuviera entonces mayor idea del tema, me llamó la atención algo que le oí decir a don José González Torres en una conferencia que dictó en Torreón.

Dijo que cuando a fines de los años 40 las fuerzas aliadas de ocupación decidieron conceder autonomía interna a Alemania Occidental, los dos principales líderes alemanes, Konrad Adenauer y Willy Brandt, de la Democracia Cristiana y de la Socialdemocracia, respectivamente, se reunieron acompañados de sus respectivos equipos y en un solo día se pusieron de acuerdo en los principios que deberían quedar plasmados en la nueva Constitución de su país, que acababa de pasar por los horrores del nazismo.

No requirieron de más tiempo para poner las bases que harían resurgir a esa parte de su nación de las ruinas en que la dejó la gran guerra, resurgimiento que no ocurrió por cierto con la otra Alemania, hasta que ésta colapsó cuatro décadas después.

Sobre el tema, ¿cuál es la experiencia histórica de nuestro país? ¿La ha tenido similar en el pasado o la podría tener en el futuro?

Difícilmente, entre otras razones por esa irrefrenable tendencia a hacer de la Ley Fundamental un interminable catálogo de normas que deberían más bien quedar en leyes secundarias y aun en ordenamientos reglamentarios. Y si su redacción es ambigua o confusa, mejor..

¿Elaborar una excelente Constitución es necesariamente una obra muy difícil, ardua y harto complicada? La mejor experiencia histórica indica que no. Según Gladstone, la Constitución de Filadelfia es “la obra más admirable que ha producido el entendimiento humano”. Y Emilio Rabasa escribió que “Randolph necesitó de cuatro días para la creación de la forma de gobierno en el Plan de Virginia, bastante inmortal de la Constitución americana”.

No requirió pues mucho tiempo, sólo sentido común y conocimiento de las cosas sin mayores complicaciones, para elaborar lo que el célebre primer ministro inglés calificó como la obra suprema del entendimiento humano.

En México por desgracia las cosas han sido notoriamente diferentes. Aunque al principio apuntaron bien. Como cuando al inicio de nuestra vida independiente el coahuilense Ramos Arizpe sólo pidió tres días para elaborar el Acta Constitutiva de 1824. No necesitó más.

Por cierto, sobre esa Acta Manuel Herrera y Lasso, quizá el más lúcido constitucionalista que México ha producido, escribió que: "resulta patente su mérito excepcional, que sólo contiene 36 artículos y acredita la rara prudencia de su autor que supo resistir la atrevida idea de fabricar una Constitución, como el mundo, en siete días." ¡Claro!, porque sólo requirió de tres.

Lamentablemente, mucho le ha faltado a la nación en este terreno. Quienes han estudiado el tema de nuestras asambleas constituyentes, como Emilio Rabasa y Cosío Villegas entre otros, no cesan de elogiar la labor desarrollada por los que tuvieron esa tarea en 1856-57. Aunque tuvieron su lado oscuro. Como el que narra Emilio Rabasa en su libro clásico “La Constitución y la dictadura” (1912), quien luego de decirnos que este Constituyente de 1857 dispuso de un año para terminar su tarea, escribe lo siguiente:

“… cuando estaba por agotarse el tiempo disponible, las sesiones tenían que suspenderse o no reanudarse por falta de quórum. Momento llegó en que fue necesario integrar ‘una comisión (que) fuera a los teatros a buscar diputados’… la cual volvió después de una hora e informó que en un teatro encontró siete diputados, de los cuales sólo dos han ofrecido asistir a la sesión. Pero la reunión se disuelve a las once y media de la noche, convencida de que es inútil esperar más”. Lo anterior sin considerar que algunos diputados “se fingieron enfermos para ir al teatro”. Huelgan los comentarios.

También te puede interesar:

Un siglo de constitución literaria

Sobre el centenario de la Constitución de 1917

Cien años de una Constitución de hojas sustituibles