Opinión

La guerra

 
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AMLO

La lucha por la presidencia de la República no tiene límite ni consideración alguna. Se trata de la posición de mando más importante del país y, por lo tanto, el margen de negociación entre las fuerzas políticas es nulo cuando se trata de la obtención de este cargo de elección popular. Es por ello que la conformación del Frente Ciudadano, formado por PAN, PRD y Movimiento Ciudadano ha generado una reacción iracunda por parte del gobierno federal, quien ve en la estrategia del panista Ricardo Anaya una traición al entendimiento con el que se han manejado a lo largo del sexenio. Por eso esa expresión que equipara a Anaya con López Obrador, al situar al panista en el terreno de aquel político con el cual la interlocución es nula.

La guerra entre priistas y el Frente encabezado por Anaya deja a Morena y López Obrador en un segundo plano, lo que implica el reconocimiento del enorme potencial electoral de esta alianza tripartita y de la dificultad del PRI y sus aliados para vencerla el próximo año. En 2000, 2006 y 2012, dos punteros se despegaron del tercer contendiente, quien quedó rezagado sin posibilidad alguna de triunfo. Así, Cuauhtémoc Cárdenas, Roberto Madrazo y Josefina Vázquez Mota fueron las víctimas de la polarización electoral que se espera se produzca en 2018.

La eventual presencia de candidatos independientes agudizaría esta fragmentación, en donde el temor de los tres grandes bloques electorales es arrancar en un tercer lugar difícil de remontar en una carrera en la que el PRI es la marca que está obligada a superar, de inicio, el mayor voto negativo que cualquier partido tiene y que se ha ganado a pulso con la actuación de gobernadores asaltantes capturados, pero no por ello desconectados de su filiación partidista.

Y es que las grandes reformas puestas en marcha en este sexenio se opacan con el desfile de saqueadores a nivel estatal, dentro de los cuales hay también panistas y perredistas, pero no en la misma proporción que los tricolores.

Por ello, la guerra de lodo tiene un enorme potencial de escalar conforme avancen las campañas. Intentar descarrilar al Frente con las denuncias de enriquecimiento ilícito de Anaya y Barrales, puede abrir la llave de un sistema donde los priistas no quedarían bien parados. Es cierto que todo apunta a que la candidatura tricolor recaerá en personajes lejanos a la nomenclatura del partido, como Meade o Nuño, en un intento por alejarse lo más posible de sello priista y al mismo tiempo garantizando que la militancia del partido se mantenga disciplinada a la hora del voto.

En esta lógica, donde tanto para el Frente como para el PRI, uno u otro son enemigos a vencer, la tercera fuerza representada por Morena tiene la oportunidad histórica de ganar a pesar de los errores sistemáticos de su caudillo, quien parece repetir el error del Estado de México, cuando dejó pasar la oportunidad de vencer al aparato de gobierno al negarse a pactar con alguna otra fuerza que le hubiese dado la victoria en esa contienda fragmentada.

En 2018, tanto el Frente como el PRI suponen que pueden dejar a AMLO y su partido en tercer lugar y disputarse la presidencia codo con codo, sin entender que la fortaleza del hoy puntero en las encuestas radica en la capacidad de ver a los otros dos destrozarse con acusaciones de corrupción, que terminarían por convertirlos en monstruos de lodo inaceptables para un votante que le abriría paso a un iluminado alejado de los reflectores de la guerra sucia Frente-PRI. Las campañas aún no comienzan y las estrategias para reventar al contrincante están en marcha sin planeación ni racionalidad alguna, en lo que se antoja será una contienda en donde el caos será la constante y el resultado final estará muy alejado del objetivo real de los grandes partidos políticos nacionales. 

Twitter: @ezshabot

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