Opinión

La guerra electoral 

 
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Josefina Vázquez Mota se perfila como la candidata ideal del partido Acción Nacional

Una vez tomadas las decisiones sobre quienes contenderán en las elecciones del Estado de México por parte del PRI, PAN y Morena, queda definido el escenario a partir del cual estas fuerzas competirán también en la presidencial del 2018. Para el PRI, la designación de Alfredo del Mazo se identifica claramente con la tradición presidencialista del tricolor, según la cual el primer mandatario elige candidatos que considera fundamentales para garantizar la continuidad del partido en el poder.

En Acción Nacional, la eventual llegada de Josefina Vázquez Mota a la candidatura blanquiazul se deriva primero, de haber considerado que el apoyo recibido por parte del gobierno federal para su proyecto de migrantes no contradice sus aspiraciones políticas, ni significa un problema mayor a la hora de los golpes bajos en la campaña, y segundo; de contar con el apoyo mayoritario del partido a nivel nacional e incluso a nivel estatal anulando la oposición de figuras como la de Ulises Ramírez más interesado en sabotear la campaña que en competir realmente por la candidatura.

En Morena, la figura de Delfina Gómez representa el mismo fenómeno de ese partido a lo largo de su historia. El traslado de la popularidad de López Obrador a candidatos más o menos reconocidos por la sociedad, en el entendido de que el partido y su capacidad movilizadora dependen más de la incorporación de bases sociales sustraídas al PRD, que de la posibilidad real de hacer crecer una candidatura en áreas priistas y mucho menos en el corredor azul. Y es que la crisis al interior del partido del sol azteca en la entidad mexiquense es imposible de esconder. El éxito de Alternativa Democrática Nacional (ADN) de Héctor Bautista para reventar la alianza con el PAN, los lleva ahora a la imposibilidad de contar con un candidato competitivo, lo que pone en riesgo su existencia como partido en el estado.

De hecho la pugna entre ADN y el resto del perredismo mexiquense es tal, que la idea de que el voto de los amarillos se convierta en “voto útil”, implica que tanto panistas como morenistas se estarían peleando a un electorado de izquierda convencido de que su partido no tiene la más mínima posibilidad de ser competitivo en la entidad. Y como para el PRI esta elección es de vida o muerte frente a la presidencial del 2018, vamos a ver todos los esfuerzos políticos y económicos provenientes de todos lados para cooptar votos y en donde los perredistas sin opción clara de candidato son fácil presa del corporativismo tricolor, todavía funcional al menos en el Estado de México.

La pelea PRI, PAN, Morena, fortalecerá a unos y debilitará a otros. Si los priistas consiguen el triunfo podrán aspirar a ganar el 18, de lo contrario se pueden olvidar de ello. Para el PAN, ganar la elección mexiquense los catapulta como una fuerza vencedora y aumenta la competencia interna por la candidatura presidencial. Un segundo lugar cercano al PRI lograría casi el mismo efecto. Para Morena conseguir un buen resultado es fundamental para hacer valer la popularidad de AMLO expresada en las encuestas, en el terreno concreto de las urnas.

Un lejano tercer lugar en la votación mexiquense lo alejaría de la perspectiva ganadora, mientras una elección cerrada lo mete de lleno en el ámbito de las posibilidades de convertirse en presidente el próximo año.

Es por estas consideraciones que la elección mexiquense adquiere esta vez una dimensión distinta a las anteriores en donde para unos se juega la supervivencia como partido u opción ganadora en el 2018(PRD, PRI) y para otros la definición de qué hacer con el capital político ganado a lo largo de estos años (PAN, Morena). La guerra apenas empieza.

Twitter:@ezshabot

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