Opinión

La gran degeneración

Recientemente, durante la ceremonia de premiación de Limpiemos Nuestro México 2013, comenté sobre la importancia de la colaboración entre la sociedad civil, el gobierno y las empresas para resolver problemas graves que a todos nos afectan. La conciencia y la acción son fundamentales para lograr el cambio cultural que nuestro país necesita emprender, porque “un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso”.

En distintas entradas a mi blog he hablado sobre algunos elementos que sustentan este cambio de mentalidad: instituciones, educación, economía y sociedad.

Al respecto, recientemente tuve la oportunidad de leer The great degeneration, how institutions decay and economies die, un libro escrito por el historiador escocés Niall Ferguson, quien bajo el mismo argumento de Adam Smith (y otros, como David S. Landes, Paul Collier, Daron Acemoglu y James Robinson) delinea los factores que llevan a un país al estancamiento.

Ferguson hace un examen provocativo sobre la extensa decadencia institucional que amenaza el futuro de la civilización occidental. Los síntomas del declive son evidentes: delincuencia, menor crecimiento económico, baja calidad educativa, deuda aplastante, pobreza y poblaciones que envejecen rápidamente, entre otros.

¿Qué ha fallado? De acuerdo con Ferguson, las instituciones se están degenerando.

El Gobierno Representativo, el Libre Mercado, el Imperio de la Ley y la Sociedad Civil, son los cuatro pilares que sustentan el mundo moderno.

Estas instituciones son las que colocaron a occidente en la senda de la prosperidad y la seguridad. No obstante, en los últimos años estas mismas instituciones se han deteriorado notablemente. Lo mismo ocurre en algunos países de América Latina que en realidad han tenido escasos roces con la prosperidad y la estabilidad democrática.
La degradación del proceso democrático ha roto el pacto entre las generaciones, al asignar cada vez más deuda a nuestros hijos y nietos mientras se deteriora el medio ambiente.

Los mercados han paralizado su desarrollo y sucumben ante regulaciones e impuestos excesivos y la regulación disfuncional ha incrementado la fragilidad del sistema.

El Imperio de la Ley ha degenerado en el Imperio de los Abogados. Los abogados revolucionarios de una sociedad dinámica del pasado se han convertido en un parásito de una sociedad estacionaria.

La sociedad se ha concentrado en las ciudades y en éstas sólo hay efectividad cuando está presente un buen gobierno.

Mientras tanto, la Sociedad Civil ha degenerado en la Sociedad Incivil, donde todos esperamos que nuestros problemas sean resueltos por el gobierno. ¡No hay nada más peligroso que mantener esta actitud! No podemos pretender que el gobierno resuelva todo lo que nos aqueja, eso nos quita libertad.

Ante esto, ¿cuál es el principal enemigo de la ley? Malas leyes. En México y en la mayor parte de América Latina, no hemos sido ajenos a esta realidad.

A lo largo de muchos años, gobernantes y legisladores se dieron a la tarea de limitar la competencia y la innovación bajo el argumento de “proteger” los derechos, la equidad y la seguridad de las personas; las consecuencias de estos amarres han sido totalmente indeseables y están a la vista.

La aprobación de leyes que no velan por el legítimo interés de la sociedad sucede gradualmente cuando la ciudadanía es pasiva, ignorante de su realidad y sólo se limita a votar —la democracia es mucho más que emitir un voto.

La educación es también una herramienta valiosa, una inversión que sin embargo está en riesgo. “El monopolio educativo –como cualquier otro monopolio– declina gradualmente en calidad ante la falta de competencia y el poder que tienen los intereses de quienes lo controlan”, afirma el autor. ¿Cuál es la solución? Romper la configuración monopólica de los servicios educativos, a través de una estrategia que integre un sistema de participación social y estímulos claros basados en resultados.

En estos términos, la aportación más valiosa del libro es que la sociedad debe establecer vínculos, tomar acción y convertirse en un agente de cambio. Esto aplica para América Latina y para los hispanos que radican en Estados Unidos.

Curiosamente, en el libro se menciona un caso muy cercano al autor, donde una comunidad de Gales se organizó para limpiar las playas inundadas de basura en una iniciativa muy parecida a Limpiemos Nuestro México. Después de esta experiencia, el autor se convenció de que la solución a nuestros graves problemas sociales se basa en una sociedad civil organizada. Lo mismo me ocurrió a mí.

Insisto, las instituciones degeneran y los países decaen cuando sus rezagos económicos y políticos entorpecen el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos, cuando las instituciones se convierten en lastres y el autoritarismo frena la innovación y limita la libertad de los individuos.

Como nos recuerda Paul Collier, los políticos no adoptarán medidas de transparencia relevantes, sólo gestos inútiles, a menos que sean obligados por una sociedad informada y participativa.

Estamos obligados a constituir cada vez más alianzas entre la sociedad civil, las empresas y el gobierno para resolver problemas cada vez más complejos. Debemos reflexionar y actuar, nuestro futuro depende de ello.