Opinión

La generosidad que nos hace falta

 
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Palacio de Hierro. (Edgar López)

Bien sabemos que el presumible horizonte del próximo año no pinta como quisiéramos. El presupuesto federal ha tenido alzas en pocos rubros y descensos en la mayoría, entre los más significativos, está lo que tiene que ver con la cultura; o no ha habido quien lo defienda bien o, inercialmente, como casi siempre, eso es un asunto de exquisitos y no merece mayor atención.

Como sea, y perdida en páginas interiores de los diarios y escasamente mencionado en los noticieros radiales, hay una nota que debiendo ser una lección para nuestros más encumbrados hombres de dinero, sobre todo para aquellos que se les llena la boca pidiendo, exigiendo se haga algo por los más necesitados.

Pues bien, un joven de 31 años, considerado entre los hombres más adinerados de Estados Unidos, creador de Facebook y con una fortuna que rebasa los 46 mil millones de dólares, acaba de anunciar que donará el 99 por ciento de sus acciones conmovido por el nacimiento de su primera hija. En una carta a su pequeña, Mark Zuckerberg escribió que su propósito y el de su esposa Priscila Chan, “es de avanzar en el potencial humano y promover la igualdad del ser humano para que su hija pueda vivir en un mundo mucho mejor que el actual”.

Su donación será gradual y abarcará tres años mientras prepara las áreas de inversión que serán “… en el aprendizaje personalizado, el aprovechamiento cultural, la cura de enfermedades, conectar a la gente y construir comunidades conscientes y fuertes”.

En la carta, el creador de la mayor red social del planeta habla de las nuevas generaciones: tenemos que pensar en inversiones para los próximos 25, 50 y 100 años. Los retos piden horizontes largos. El pensamiento a corto plazo no permite resolver lo que de verdad importa.

El joven millonario, vestido en playera y tripulando un auto modesto, insiste en algo: “mi esposa y yo sabemos que si el dinero no se aprovecha para mejorar el mundo, entonces no sirve”.

Ambos han indicado que formarán un consejo con expertos en diversas ciencias, con creadores, artistas y con personas que sepan desprenderse de sí mismos para darse a los otros.

Mark Zukerberg afirma que con el 1 por ciento restante de sus acciones puede vivir con dignidad. Entre sus amigos, hay quien dice que se impresionó mucho cuando supo que el 10 de noviembre de 1848, Victor Hugo pronunció su discurso conocido como: “Sobre el fomento para las artes y las letras”. Se daba en esos momentos, un llamado a la urgente necesidad de reducir en Francia el presupuesto nacional y se hablaba de aplicar un grueso tajo a todo lo relacionado con educación y cultura. Victor Hugo comenzó a enumerar las instituciones que se verían afectadas: El Museo del Louvre, La Escuela de Bellas Artes, El Colegio de Francia, El Conservatorio, diversas facultades de letras, la edición de libros, y un largo etcétera. Terminó diciendo que el remedio era peor que la enfermedad. Con sus palabras, logró detener lo que los tecnócratas de aquel entonces se proponían y despertó una adormecida conciencia sobre el destino de Francia.

Ese discurso y el nacimiento de su hija, han hecho que el acaudalado joven estadounidense Zuckerberg, al que la revista Forbes lo ubica como el número 15 más rico del mundo, tenga una visión que mucha falta nos hace en México.

¿Qué pensarán por ejemplo, don Alberto Baillères, recientemente galardonado con la medalla Belisario Domínguez cuando pasea en el nuevo y deslumbrante Palacio de Hierro en Polanco, o el primero o segundo hombre más adinerado del planeta don Carlos Slim, quien está evaluado con más de 53 mil millones de dólares; qué dirán de ese joven de 31 años que ha revolucionado al mundo y para mejorar el entorno en que vivirá su hija, hace un desprendimiento fructífero de esa dimensión?

Seguramente esa noticia no la verán aunque tengan los ojos bien abiertos; se requiere ver desde dentro y comprometerse con la suerte de los demás, de los otros gracias a los cuales tienen sus enormes riquezas.

Twitter:@RaulCremoux

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