Opinión

La gasera no es la única culpable

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La pipa que originó la explosión en Cuajimalpa aún es un riesgo, a firman peritos. (David Vela)

En el país en el que todo mundo sabe que poner combustible al auto supone resignarse a que a uno le roben (en septiembre la Profeco reportó que se duplicaron las multas a gasolineras rateras), la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y la Secretaría de Energía acaban de descubrir que la pipa involucrada en la explosión de Cuajimalpa había sido manipulada para burlar la norma. Pues qué novedad.

La rueda de prensa que dieron ayer los titulares de la PGJDF, Rodolfo Ríos y de la Sener, Pedro Joaquín Coldwell, falla en lo esencial. Por supuesto que es importante informar sobre los peritajes en torno al por qué de la fuga de gas; y la empresa debe ser sancionada adecuadamente si hubo irregularidades o negligencia que pudieron provocar que el combustible se escapara. Pero ello no excluye la responsabilidad de las autoridades en lo que pasó una vez que se detectó la fuga, muchos minutos antes de la explosión. Y sobre ello ni el gobierno de la capital ni el federal han explicado con la debida suficiencia.

Porque no debería haber dudas sobre cómo han de actuar en estos casos quienes tienen como obligación proteger a la ciudadanía.
La Guía de Respuesta en Caso de Emergencia, un instrumento de referencia internacional para la protección civil, instruye claramente que en caso de fugas “como acción inmediata de precaución, aísle el área del derrame o escape, como mínimo 100 metros”.

Ese manual enseguida enlista otra indicación. Bajo el rubro de Derrame grande recomienda: “Considere la evacuación inicial a favor del viento de por lo menos 800 metros”.

Hay que volver a demandar respuestas formales a las dudas sobre si hubo una orden de evacuación; y si sí, quién la dio y quién la instrumentó. Al menos una enfermera, que resultó herida en el derrumbe, ha insistido en que a la zona de neonatos nunca llegó esa instrucción.

Las autoridades han de ser tan severas con terceros (la empresa Gas Express Nieto) como consigo mismas. Porque como me explica una persona especialista en protección civil: “Ya sabemos que las pipas transportan material peligroso, lo que genera riesgos, pero lo importante es cómo nosotros nos preparamos para enfrentar esos riesgos”.

Luego del percance en el que fallecieron cinco personas, lo menos que los capitalinos deberían exigir es que los peritajes también arrojen luz sobre lo que se hizo bien y lo que no se hizo bien por parte de las autoridades -incluidas las del hospital en Cuajimalpa- esa mañana del 29 de enero, tanto antes como después de la explosión.

El día de ayer, con el sugerente título de “Lo que no dijeron PGJDF y Energía”, el portal Eje Central publicó un detallado reportaje en el que a partir de los testimonios de cuatro expertos que estuvieron en la zona siniestrada, los reporteros concluyen que “los protocolos de atención a emergencias por fugas de gas no se siguieron, tampoco los procedimientos de evacuación y control de la zona de riesgo, ni por los cuerpos de rescate y emergencia que llegaron primero al lugar y una parte del personal del propio hospital fallaron”. Aquí todo el recuento, que debería ser una hoja de ruta para exigir respuesta a las autoridades.

Si no se demanda hasta el último detalle sobre las responsabilidades de las autoridades en que una pipa alterada surtiera gas a un hospital, en que una fuga no se convirtiera de inmediato en una orden general de evacuación, estaremos condenados a pronto volver a lamentar una tragedia como ésta, o una aun peor.

Twitter: @SalCamarena

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