Opinión

La fuerza del diálogo

   
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Segob. (Cuartoscuro)

Las voces que exigen el uso de la fuerza pública contra los profesores rijosos de la CNTE, muchas de ellas son las mismas que acusarán al gobierno de represor.

Para nadie es un secreto que las provocaciones que hacen los grupos antisistémicos, orquestados por Andrés Manuel López Obrador y dirigentes de la CNTE vinculados a la guerrilla, buscan detonar la violencia y que esta espiral incontrolable pronto haga mella en la gobernabilidad del país, ese es el propósito y con ese fin argumentan que al mandatario nacional le tiembla la mano para poner orden en este delicado asunto.

Así ocurrió en Atenco, así se repitió en Nochixtlán y así ocurrirá en cuanto se tome la decisión de lanzar nuevamente a la fuerza pública contra los rijosos.

Ante eso, la cautela del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto nos parece adecuada y la estrategia de que sean el diálogo y la negociación las acciones que hablen no sólo es acertada sino lo más recomendable ante las intransigencias de unos cuantos que trafican y lucran políticamente con la necesidad y legítimo reclamo de otros tantos.

Antes de que se establecieran las mesas de negociación con integrantes de la CNTE, las legítimas demandas se confundían con las de tipo político-electoral, pero una vez identificadas las causas también han ido fluyendo respuestas que de alguna manera están desarticulando la actitud belicosa del grupo en su conjunto hasta dejar solos a los más radicales, con quienes seguramente el siguiente paso será la ley.

A Peña Nieto no le tiembla la mano, el diálogo y la negociación son en este caso de crisis la mejor arma de un gobierno tolerante, y eso al final es lo que pinta perfectamente a un hombre de Estado, así que quienes buscan una respuesta en sentido contrario tal vez lo que encuentren es un silla para seguir esperando y eso no quiere decir que la ley no llegará, no, al contrario, ésta debe llegar una vez que se agoten los mecanismos institucionales de solución, porque el resto se ubicará en su justa dimensión: la intolerancia.

Para quienes opinan que al gobierno le tiembla la mano, sólo hay que recordar que al inicio de la actual administración, Michoacán estaba al borde del incendio y el gobierno local rebasado por la intromisión de la delincuencia organizada en los asuntos públicos; la violencia era el pan de cada día. Al gobierno federal no le tembló el pulso para apaciguar una situación que francamente ya era insoportable entre los habitantes del lugar y en la actualidad las condiciones han ido mejorando.

En la implementación de la reformas estructurales seguramente surgieron voces que al oído habrán aconsejado al Presidente no continuar para evitar lastimar intereses anquilosados o por miedo al cambio de los paradigmas nacionales, no sólo no se detuvo, sino que, a sabiendas del impacto negativo que podrían generar a la imagen gubernamental, dado que los resultados no serían inmediatos, decidió seguir adelante con sentido de responsabilidad y seguro de que los cambios son los que necesita el país. No le tembló la mano.

Reitero, hoy esas voces que invocan a un gobierno débil son en parte las mismas que buscan y generan la inestabilidad política del país. Ese es el meollo del asunto, pero para bien la fuerza del diálogo se ha impuesto.



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