Opinión

La fragilidad del momento


Los momentos de oportunidad, en la vida de las personas o de los países, pasan y se van.
 
¿En qué medida las buenas expectativas que existen ahora en México son sólidas y hasta dónde se caracterizan por su fragilidad?
 
El lunes pasado me refería en este espacio al dicho del presidente Barack Obama durante su visita a México, en el que señalaba que el éxito no estaba asegurado.
 
En ese contexto, le recordé otros momentos de la historia mexicana, en los que el país pareció despegar y al final de cuentas se volvió a quedar por los suelos tras sufrir una crisis.
 
Diversos lectores me preguntaron qué posibilidades existen de que ahora sí, México logre un avance realmente significativo y en qué medida hay riesgos de que todo se quede nuevamente en un intento.
 
Estamos en la encrucijada y seguramente este año lo sabremos.
 
Déjeme explicarle cuáles son los aspectos más frágiles que yo visualizo:
 
1) El Pacto es como un jarrito de Tlaquepaque. Si no se ha roto, es porque personajes como Luis Videgaray, Miguel Osorio Chong y el propio presidente Enrique Peña lo han cuidado como la niña de sus ojos. Pero todos saben que está construido sobre equilibrios partidistas en el PRD y el PAN, que podrían romperse en cualquier momento. La gran apuesta es que esa virtual coalición política por lo menos dure lo suficiente para sacar adelante la reforma fiscal y la energética. Con esas, ya se habrían hecho cosas más trascendentes que los últimos 3 gobiernos.
 
2) Los priistas del aparato no van a cambiar su cultura porque el presidente lo diga. El aparato priista, sobre todo en diversas entidades de la República, como Veracruz y Coahuila, por citar sólo 2 en donde se han dado incidentes recientemente, quiere seguir actuando como siempre lo ha hecho. Las elecciones del 7 de julio, con todo el adendum y el blindaje firmados, van a ser prueba de fuego y en ellas, la coalición política representada en el Pacto, bien podría desbarrancarse.
 
3) La tendencia al autoritarismo puede hacer cometer errores. A veces, tener tanto éxito puede ser peligroso, ya que propicia la creencia en la infalibilidad o, por lo menos, la de que los demás no entienden lo que el grupo en el poder está haciendo. La historia está llena de casos en los que una élite pretendió cambiar a un país, sin escuchar a los otros, y el resultado se convirtió finalmente en un fracaso... y en algunos casos hasta un desastre.
 
4) El mundo sigue siendo altamente volátil y no estamos exentos de otra gran sacudida. La solidez de las finanzas públicas o las alzas de las calificadoras, no nos salvarían del desastre si una nueva crisis financiera reventara pronto. Pareciera no haber esa amenaza a la vista, pero nadie puede asegurar con certeza que no va a suceder.
 
5) Aun si todo sale bien, los proyectos pueden venirse abajo en el largo plazo si las bases sobre las que se construyen son pantanosas. David Konzevic plantea una metáfora muy precisa en los análisis que presenta en sus conferencias: si se construye un edificio sobre un terreno lodoso, por mejor que parezca estar la construcción, tiene alto riesgo de venirse abajo. Y el terreno sobre el que se construyen las cosas es la cultura de las sociedades. En un contexto de aversión generalizada al riesgo, de abandono a los jóvenes, de deterioro educativo, de pobreza científica, aunque todo parezca estar bien, o hasta muy bien, se gesta un próximo derrumbe.
 
Las cosas no tienen que salir mal. Pero hay que estar conscientes de que hay que hacer muchas cosas para que salgan bien.
 
Algunas están fuera de nuestro control, pero muchas otras dependen del talento, cuidado y trabajo que se les ponga.
 
Y lograr que el país ahora sí concluya reformas exitosas e inicie un ciclo de crecimiento y consolidación democrática, requiere más esfuerzo del que muchos piensan.
 
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