Opinión

La formación universitaria en negocios

Rómulo Sánchez

La reflexión pública sobre la formación universitaria en negocios está centrada básicamente en los programas de maestrías o MBA. Muy poco se discute o reflexiona sobre lo que ocurre o debe ocurrir con la formación de estudiantes del área de negocios en el nivel de profesional. Sin duda alguna, la formación de pregrado y posgrado en negocios están relacionadas, pero cada una tiene sus especificidades y particularidades propias. Es ampliamente compartido, por ejemplo, que los programas de formación de maestría en el área de negocios tienen un objetivo de reconversión profesional: favorecer el reenfoque de la trayectoria laboral hacia la gerencia o dirección de empresas por parte de profesionales que han recibido una formación en ingeniería, ciencias sociales, economía o, inclusive, humanidades. Los programas de formación de profesional en negocios tienen fundamentalmente una función de socialización anticipatoria: preparar al estudiante para realizar una función gerencial o directiva al egresar de la universidad. Los retos curriculares en la formación de los profesionales o licenciados en áreas de negocios son el tema principal de este artículo.

En materia de contenidos ha habido un cambio gradual pero radical respecto a lo que debe aprender un estudiante de profesional del área de negocios. Inicialmente, se enseñaban las prácticas administrativas o el quehacer de alguien que trabajaba como administrador o gerente de una empresa; eventualmente, se avanzó en el sentido de enseñar “prácticas exitosas” o “prácticas de excelencia” por función administrativa: producción, recursos humanos, marketing, etc.

Posteriormente se fortaleció la formación universitaria mediante la incorporación de técnicas, métodos y teorías formales de disciplinas específicas como la estadística, la investigación de operaciones, las finanzas, etc. Esto tuvo una consecuencia curiosa: las licenciaturas en el área de negocios ganaron cierta respetabilidad académica. En la década de los 80, aproximadamente, se inició en varias universidades la incorporación de otro tipo de temas como, por ejemplo, estrategia, ventaja competitiva, competencias distintivas, etc. En aquellos años se comenzó a reconocer en ámbitos académicos y empresariales que el éxito económico de una empresa no sólo dependía de utilizar prácticas gerenciales de excelencia y métodos científicos de administración, sino primordialmente de la capacidad para diseñar e implementar estrategias ganadoras a partir de entender el comportamiento estratégico propio y el de los competidores. La incorporación de contenidos relacionados con innovación y emprendimiento son de fechas más recientes. Hoy día se asume que sin innovación y emprendimiento, la competencia estratégica ayuda pero puede terminar siendo irrelevante. Es cada vez más aceptado en todos los sectores industriales que el éxito económico está asociado con la capacidad de emprendimiento y la capacidad de innovación. El egresado de una escuela de negocios hoy día debería ser capaz de innovar, emprender, pensar estratégicamente, y analizar información con técnicas analíticas sofisticadas. Estas son las cuatro competencias que toda escuela de negocios debe desarrollar en sus estudiantes. Desde luego, esto no significa que todas las escuelas de negocios lo hagan o estén preparadas para hacerlo.

El método de enseñanza de la administración y la gerencia también ha experimentado cambios radicales. Inicialmente, el practicante, administrador, gerente o directivo de empresas era el pivote de todo el proceso de aprendizaje.