Opinión

La fiesta del desperdicio

 
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INE. (Cuartoscuro)

Candidatos a gobernadores, diputados de mayoría relativa, de representación proporcional, ayuntamientos, jefes delegacionales, asambleístas, alcaldes, y diez partidos de todos los colores componen lo que debiera ser una fiesta de la democracia y de la inteligencia. ¿Eso es lo que actualmente vivimos?

En estas mismas páginas, Pablo Hiriart, Gil Gamés y Jaime Sánchez Susarrey en formas diversas, han realizado análisis y recuentos que nos hablan de una partidocracia y de una contienda que acusa una severa falta de talento que privilegia la fatuidad, el escarnio y revela que la mercadotecnia suple a las ideas y a los argumentos. ¿Esto es la coronación de un país democrático o es el reino de la banalidad política?

Hay disparidad en el número de spots propagandísticos de los partidos políticos que inundan a las emisoras de radio y TV del país. La cifra menor habla de 13 millones 297 mil 494 de estos mensajes; la mayor que incluye a los que corresponden al INE, ha llegado a casi doblar esos números: 21 millones 114 mil 652. Uno y otro, los articulistas también nos hablan del costo de producción de esos spots, de los presupuestos de cada partido y de las prerrogativas adicionales en aquellos estados en que estarán en juego nueve gubernaturas: Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora. Si se suman las 16 jefaturas en el Distrito Federal, los cuatro mil 496 diputados y los 22 registros de las candidaturas independientes aprobados por el INE, y agregamos los cientos de miles de ciudadanos que serán los operativos en cada una de las casillas electorales, tendremos la dimensión de las elecciones que se llevarán a cabo el próximo 7 de junio. Este es el tamaño de nuestros comicios; pero aún no hemos hablado de algo sustantivo: ante esto, ¿qué dice la población, cómo asimila la fragmentación de frases, yuxtaposición de colores, iridiscencia de gestos y ausencia de coherencia en los mensajes políticos?

Las autoridades electorales y los partidos debieran ver los correos, mensajes, telefonazos y cartas de audiencias molestas, francamente irritadas con lo que reciben a través de sus aparatos receptores. Están hartos de escuchar y ver esa lluvia permanente, ese bombardeo de millones de spots que en lugar de motivarlos a dirigirse a las urnas, los obligan a cambiar de frecuencia o apagar sus radios y pantallas televisoras.

Al diseñar ese ametrallamiento a la población durante meses, ¿nadie pensó en la dignidad de la audiencia, en la capacidad de tolerancia y en que, del otro lado –sí de la gente común–, hay sensibilidad e inteligencia?

Otro aspecto no menos importante es la pauta a la que los emisores están obligados: al menos ¡96 mensajes propagandísticos diarios! Y eso, señores de los partidos políticos, significan pautas de continuidad que no se hacen solas; se requiere personal capacitado, diseñadores y continuistas en al menos los siguientes renglones: pautas por zonas, pautas locales, pautas metropolitanas y pautas nacionales. No es lo mismo diseñar para Tabasco que hacerlo para Sonora. En otras palabras, las estaciones de radio y televisión están subsidiando a los partidos políticos y aumentando el monto de sus privilegios.

Tomemos el caso de un canal de televisión modesto como es el Canal 22, con un perfil de orden cultural y alejado en lo sustantivo de la política. Además de ver su programación desdibujada e inundada de mensajes ajenos al espíritu de la creatividad, el arte y el desarrollo de las ideas, los televidentes consideran que con sólo una vez de ver y escuchar tales mensajes es suficiente. El asunto no se detiene ahí. El costo de producir las pautas va más allá de los tres millones de pesos y si para la transmisión de esos spots en lugar de regalar el tiempo se cobrara, el canal obtendría casi la misma cantidad que se le ha impuesto en el recorte presupuestal.

¿Todo esto no es excesivo?

¿Por qué no extendemos los beneficios de la democracia en forma mucho más racional y moderada con debates de propuestas e ideas en los canales y emisoras principales, permitiendo que sólo quien quiera enterarse lo haga y quien no tenga esa motivación no se sienta obligado?

¿No es así como funciona eso que llamamos convivencia democrática?

Twitter: @RaulCremoux

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