Opinión

La Fed y Banxico no modifican sus tasas
de interés

 
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Banxico

Después de varios meses en que la Fed (o sea el Banco Central de Estados Unidos) daba a entender que era inevitable e inminente el aumento de tasas de interés, al terminar su pasada junta del Comité de de Mercado Abierto anunció que no modificaba su tasa de referencia de corto plazo, la cual la sostiene en un rango entre 0.0 y 0.25 por ciento. Este nivel es inferior a la inflación, por lo que los ahorradores tienen una pérdida neta por mantener sus recursos en el sistema bancario.

Entre las consideraciones que tomó en cuenta para adoptar esta decisión están la débil recuperación económica de ese país, así como la desaceleración en el resto del mundo, que se puede agravar en el caso en que se hubieran elevado las tasas de interés. Por su parte, el Banco de México siguió su ejemplo y tampoco modificó su tasa de referencia, la cual se quedó en 3.0 por ciento, pero que destaca porque es ligeramente superior a la tasa de inflación, a diferencia de lo que ocurre en nuestro vecino país del norte.

Hay que recordar que el objetivo principal por el que quiere aumentar la tasa de interés es encarecer y reducir el monto del crédito, para así bajar las presiones inflacionarias. Sin embargo, esto último ya está ocurriendo en este momento por la menor actividad económica en diversos países, como son en Europa, en China y en gran parte de Sudamérica. Debido a esto, la principal preocupación de la mayoría de los países desarrollados no es la inflación, sino la deflación, esto es la disminución en los precios.

La crisis financiera global de 2009, ha sido la más grave en varias décadas, por lo que los bancos centrales implementaron  una política monetaria expansiva de corto plazo, que en muchos casos fue muy conveniente y oportuna, como la que se siguió en México. El problema ha sido que una solución de corto plazo se lleva utilizando de manera intensa ya por siete años, por lo cual se ha vuelto una estrategia de crecimiento de largo plazo que ha distorsionado los distintos mercados, creando incentivos perversos.

Por ejemplo, los bancos pagan rendimientos inferiores a la inflación, lo que castiga a los ahorradores, desincentivándolos para mantener sus recursos en el sistema financiero, por lo que buscan otras alternativas de inversión que con frecuencia son más riesgosas y especulativas. Esto explica muchas burbujas de precios en diversos mercados, como son en los bursátiles, en bienes raíces, en metales preciosos, divisas y otros más, que conllevan altos costos cuando revientan.

Asimismo, las empresas y los bancos reaccionan al incentivo de obtener créditos sin costo, por lo que es frecuente que dediquen más tiempo y esfuerzo en obtener estos recursos baratos que en aumentar su productividad o en canalizar créditos a empresas con elevado riesgo. El objetivo deja de ser buscar proyectos rentables y mejor encontrar maneras de obtener estos recursos de los gobiernos que no tienen costo.

Como un efecto indeseable de lo anterior está que la productividad de toda la economía tiene una reducción y consecuentemente baja la tasa de crecimiento económica total. Pero el menor dinamismo significa que los bancos centrales no tienen argumentos para elevar las tasas de interés, ya que se crece poco, con lo que se cae en un “círculo vicioso”. Cada vez es más difícil justificar un aumento en las tasas de interés.

Otro problema que tiene el mantener bajas las tasas de interés es que los bancos centrales tienen que comprar deuda en los mercados financieros para lograrlo, pero que a lo largo de varios años ya existe poca cantidad de deuda pública y tienen que adquirir deuda privada. Esto significa que los gobiernos adquieren montos crecientes de deuda y activos privados para lograr mantener bajas las tasas de interés, con lo que se tiene una estatización progresiva de las economías. Debido a que los gobiernos son administradores más ineficientes, la productividad de las economías se reduce, lo que vuelve a perjudicar al crecimiento.

En conclusión, una correcta medida monetaria de corto plazo se ha vuelto una estrategia de crecimiento de largo plazo, a la cual las economías se vuelven adictivas y es costoso cambiarla. Los bancos centrales llevan varios años anunciando que subirán sus tasas de interés, pero en cada ocasión existe un hecho o argumento que impide que así suceda. Mientras, los montos de la deuda pública y la emisión de circulante de los distintos gobiernos se siguen elevando, lo cual distorsiona aún más los mercados.

El autor es economista.

Correo: benito.solis@solidea.com.mx

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