Opinión

La falta de liderazgo durante una crisis

Sorprendente. Verdaderamente sorprenden las dificultades que está teniendo el equipo del presidente Enrique Peña Nieto para enfrentar la situación de violencia en Guerrero, lo que probablemente es la crisis de seguridad y gobernabilidad más seria que ha tenido desde que inició su presidencia.

La capacidad de liderazgo de la Presidencia ya había sido sometida a duras pruebas y cuestionamientos en varias ocasiones en estos casi dos años de gobierno, incluyendo las crisis climatológicas de Ingrid, Manuel y Odile, y los paramilitares en Michoacán. Probablemente la prueba de fuego fue el estallido en el edificio de Pemex en la ciudad de México en enero de 2013. Ante la magnitud de la destrucción y de los muertos, la explosión hubiera presentado un gran reto para cualquier líder con experiencia; pero en el caso de Peña y su gabinete esto sucedió en un momento cuando muchos de los personajes cercanos al presidente eran nuevos en sus funciones y todavía estaban buscando donde quedaba el baño de su oficina. No hubiera sorprendido si el presidente hubiera tenido un pésimo manejo de la tragedia en Pemex, pero al contrario, él y su equipo crecieron como gobierno y marcó las pautas de lo que se percibía como un equipo coordinado, eficiente y sobre todo con capacidad de reaccionar y operar.

Los verdaderos líderes surgen en momentos de emergencia, de desastre y de acontecimientos sorpresivos. O eso parecería al leer las biografías de los grandes líderes mundiales. Más que nada, se les recuerda por la forma en que enfrentaron momentos extraordinarios y no necesariamente por la forma en que se administraban a diario.

Las grandes reformas estructurales que impulsó el presidente y que logró su aprobación a pesar de todos los retos y cuestionamientos, podrían quedar como un pie de página en los libros de historia, ante el mal manejo de una crisis como la de Guerrero. Está en juego el Mexico moment.

En las anteriores crisis parecería que el Ejecutivo siguió al pie de la letra las reglas de los manuales de cómo un gobierno debe de enfrentar y manejar una crisis. En los anteriores eventos, comprendieron que un paso en falso de él o de su equipo durante las primeras horas de la tragedia hubieran marcado a Peña Nieto como blandengue, sin capacidad de reacción.

En las crisis anteriores demostraron una gran coordinación entre los responsables del gabinete, y un esfuerzo extraordinario de no politizar la muerte de tantas personas. Esto es en contraste de lo que sucedía en los sexenios pasados donde los conflictos entre los secretarios, especialmente los de seguridad nacional, eran legendarios, lo que se traducía en descoordinación e impactaba enormemente en la credibilidad del gobierno. En el caso de Pemex y los huracanes, el mensaje que surgió del gobierno federal fue claro y se repartieron responsabilidades de hablar con los medios y apenas hubo pequeñas contradicciones.

También el presidente Peña y su equipo buscaron enviar mensajes políticos mediante imágenes: desde la visita que hizo al centro de la tragedia y al hospital a ver a las víctimas la noche de la explosión en Pemex, hasta su constante presencia semanal en Acapulco y a Los Cabos, enviando un mensaje de que el gobierno está presente y que las víctimas estarían acompañadas por su presidente.

Había claridad en el mensaje y cuál era el rumbo o la estrategia a seguir, y quién de los secretarios tenía la responsabilidad política de la adecuada respuesta a la crisis.

Esto no ha sido el caso en Guerrero. En cualquier otra democracia en el mundo, ante una situación como la crisis en ese estado, el gobernador ya hubiera renunciado y su partido ya le hubiera quitado el apoyo político.

Pero como sabemos, México no es una democracia normal.

Entre las características esenciales que deben tener los líderes para superar cualquier crisis se encuentra su capacidad para rodearse de asesores extraordinarios. Lo importante para todo presidente y gobernador es poder reconocer de antemano, antes que suceda la crisis, si sus asesores son los adecuados para enfrentar problemas de seguridad nacional que ponen en jaque la existencia del gobierno o que amenazan la vida de la población.

Ante la reacción inicial de la crisis de Guerrero, el equipo de Peña Nieto parece no estar a la altura necesaria para el manejo de verdaderos retos de gobernabilidad que podría enfrentar México en los siguientes años.

¿Gabinetazo en puerta?