Opinión

La faena y el TLCAN

 
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nafta

Antes de salir al ruedo, al toro se le encierra en oscuridad, se le 'prepara', se le 'calienta', y cuando la fiesta debe empezar y se abre el redil, y se le permite salir pero la luz lo ciega, el animal, totalmente atemorizado, sin poder huir, embiste.

Los trajes de luces están colocados y los carteles anuncian que el próximo 16 de agosto iniciará la 'modernización' de un acuerdo comercial que no sólo ha transformado a México, sino al hemisferio total.

No obstante la confianza que ha demostrado la inversión a lo largo de los últimos meses y la recuperación económica que permite anticipar buenos resultados a lo largo del segundo semestre del año, no puede perderse de vista el instinto que motiva y mueve al vacuno que se va a lidiar.

Lo anterior lo digo, porque cuando salga al ruedo vendrá aturdido por descalabros e infortunios ocurridos en el impulso de desairadas iniciativas que perseguían anonadar las políticas de salud emprendidas por su antecesor, como si fueran sacos de arena sobre los riñones; y dará pasos incesantes por el ardor que provoca la persistencia de filtraciones de información desde su propia oficina a la prensa, como si se tratara de incisiones en sus patas traseras untadas de aguarrás; y moverá de un lado a otro los cuernos, tras el dolor que produce en su costado la continuidad de ensayos nucleares en el Pacífico Norte, como si se tratara de tres puyazos con un arpón de diez centímetros de largo.

Las condiciones están dadas para que, este toro, embista.

Han sido pocos meses en el poder, pero el presidente norteamericano ha dado una multiplicidad de muestras de su carácter intempestivo y arrebatado a la hora de tomar decisiones.

En la víspera de un asunto que tanto interés despierta para los tres países, su arte de negociar será probablemente uno de los ingredientes que estará sobre la mesa, y por tal motivo, es preciso que se deba ponderar. Antes de dialogar, es previsible que lance el arma de los 140 caracteres con la finalidad de debilitar.

La vulnerabilidad que mostró el tipo de cambio al inicio del año quedó superada, pero ello obedece, un poco, a que el discurso de México y el muro quedó situado en segundo plano.

Ha llegado el momento para que el presidente Trump dé muestras de aquello que dice que sabe hacer mejor, y para esto, cómo no materializarlo en un objeto que fue centro de la retórica que tantos votos le ofreció en su ascenso en la carrera presidencial, el TLCAN.

Se han nombrado a diestros en el uso del capote, experimentados novilleros y matadores, pero la faena no se celebra cuando la plaza está vacía y las trompetas no se hacen sonar.

Ante una corrida de la importancia que se anuncia, es determinante el silencio, el acompañamiento y el reconocimiento de la afición.

Nada hará más daño a la negociación que el comienzo de los chillidos y lamentos de los mercados, o que los aspavientos de la paridad cambiaria, porque serán sinónimo de la fortaleza que muestra el mamífero.

El equipo de toreadores que enarbola el cartel muestra credenciales que justifican un llamado a la confianza, a la paciencia y a dar aliento a su quehacer.

No es sino en la esperanza de saber que el acuerdo conviene a todas las partes que podemos situar nuestro deseo de que esta corrida termine con oreja y rabo para el matador.

Prudencia es la que debe imperar, al saber que, un toro de este peso, se debe de lucir.

Es pertinente dejar que fluya la corrida, y no caer en la tentación de querer hacer suertes que desmerecen la fiesta y puedan acabar con un indulto para el animal.

Twitter:
@Cuellar_Steffan

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