Opinión

La evaluación para todos

10 febrero 2014 5:20 Última actualización 07 agosto 2013 5:17

 
 
David Calderón
 
 
El próximo 8 de agosto el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) celebra un aniversario más. Es un mérito de quienes, a lo largo de estos años, han sido parte de su equipo y sus consejos. El reconocimiento debe hacerse a quienes participaron en su diseño e instauración y también a quienes actualmente lo conforman: han mantenido un efectivo compromiso con el rigor, la imparcialidad y la profundidad en la realización de sus tareas.
 
 
Ese aplomo es motivo de orgullo y, sobre todo, de esperanza, pues los mexicanos podemos confiar en una institución que ofrece referentes válidos en una arena contendida y de innegable conflictividad como es la marcha de la educación obligatoria en México.
 
 

Nuestra organización nació con una vocación de activación y corresponsabilidad ciudadana, y muy rápido se hizo evidente que sin acceso al conocimiento experto sobre los recursos, los procesos y, en especial, sobre los resultados educativos del país, nuestra aspiración a participar con propuestas para la política pública estaría desfondada. El contacto con los investigadores y funcionarios del INEE nos permitió adentrarnos en la complejidad de las modalidades y contextos, tomar conciencia de la desigualdad en los resultados y poner atención en la responsabilidad que compete a cada entidad federativa cuando se diagnostica al Sistema Educativo Nacional.
 
 

Al darnos y pedirnos aclaraciones, entendimos que el entusiasmo o la buena intención no son sustitutos adecuados del conocimiento, pero también pudimos expresar al INEE, con apasionamiento, la aspiración a que los resultados de la investigación educativa no sean patrimonio de un cuerpo cerrado de expertos, sino elementos disponibles a todos, con oportunidad y claridad, para ilustrar una toma de decisiones ampliada, verdaderamente democrática.
 
 

En 2009 Mexicanos Primero y el INEE firmamos un convenio de colaboración que nos ha permitido aprovechar con mayor profundidad los estudios del Instituto, especialmente porque unos y otros compartimos la convicción de que el referente fundamental de la educación no es un servicio más a cargo del Estado, sino un derecho inalienable de los niños y jóvenes, y que la estadística debe ser cuidada y exacta en su estimación, pero también centrada en identificar las trayectorias completas y exitosas de los alumnos, y no sólo las agregaciones abstractas que llenan informes autoelogiosos de los gobiernos en turno.
 
 

El hecho de no ser juez y parte, la condición de autonomía técnica y ahora constitucional, permite que el INEE sea un faro. El gobierno de la educación pública debe estar basado en evidencia, no en ocurrencia, y mucho menos --como aún padecemos en algunos aspectos-- en la ventaja política de grupos e individuos a la caza del poder.
 
 

No sólo es necesario que todos los agentes relevantes del proceso educativo sean evaluados, sino que la evaluación sea de todos, para tomar las decisiones más adecuadas.
 
 

La educación será plenamente pública cuando la evaluación sirva para corregir, para retroalimentar positivamente, para rendir cuentas y para mejorar los procesos, y eso ocurre cuando se conocen, difunden y entienden sus resultados. Con la entrada en vigor de la reforma constitucional, el INEE queda con plena autonomía, bajo la conducción de una Junta de Gobierno conformada por cinco especialistas de gran prestigio, y con la enorme tarea de coordinar el Sistema Nacional de Evaluación Educativa.
 
 

Queda aún pendiente que los legisladores discutan y aprueben la ley secundaria, plazo que se vence el 26 de agosto próximo. Las modificaciones a la ley darán al nuevo INEE las facultades de establecer lineamientos y directrices para saber qué se va a evaluar y cómo hacerlo; sus decisiones llevarán a establecer los parámetros, indicadores y perfiles de cumplimiento obligatorio para las autoridades.
 
 

El triunfo del conocimiento sobre la negociación política debe traducirse también en el triunfo de la transparencia y la rendición de cuentas sobre la opacidad y la exclusión.
El nuevo INEE necesitará ser nuevo no sólo en funciones y relevancia, sino también nuevo en vigor, en valor, en incidencia, en comunicación abierta con los maestros, los padres y todos los ciudadanos. La esperanza es que la evaluación no sea un reporte confidencial que el poderoso usa o desecha a conveniencia, sino que nos ponga a todos en presencia de todos, para dar nuestro mejor esfuerzo y determinar un rumbo común a la educación nacional.

Twitter: @DavidResortera

www.mexicanosprimero.org
*Director General de Mexicanos Primero