Opinión

La estrategia se agotó

   
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homicidios

La semana pasada reporté en este espacio que la cifra de homicidios vinculados con el crimen organizado para enero, de acuerdo con el monitoreo de Lantia Consultores, había sido la más alta desde septiembre de 2011. Después de un ajuste de las cifras preliminares, el total de ejecuciones contabilizadas en enero fue de mil 387 (este ajuste también significó que, en contraste con lo que reporté la semana pasada, Guerrero desplazara a Guanajuato como la entidad más violenta). El escenario de violencia en el país es francamente preocupante. El riesgo de nuevas epidemias locales de violencia a gran escala se observa en un momento en el que ya existe un gran desgaste en las instituciones de seguridad del gobierno federal (que desafortunadamente siguen siendo, en prácticamente todo el territorio nacional, las únicas con capacidad para hacer frente a las organizaciones criminales más violentas).

Como mencioné, Guerrero se ubicó como el estado más violento del país. El número de ejecuciones observado en Guerrero, en enero, continúa siendo dramático (se registraron 164). Sin embargo, esta cifra es similar al promedio observado en el segundo semestre de 2016 (cuando hubo una media de 169 ejecuciones mensuales). En Acapulco incluso se advierte una ligera reducción de la violencia en los últimos meses. La detención este fin de semana de El Alacrán, jefe de sicarios del infame Cártel Independiente de Acapulco, podría tener un impacto positivo en el mediano plazo (pues se neutraliza a uno de los principales promotores de la violencia en el puerto). Desafortunadamente, la tendencia es menos alentadora en el resto de Guerrero. El conflicto entre Los Rojos y Los Ardillos, y las acciones de Los Tequileros, han mantenido altos niveles de violencia en varios municipios.

En enero pasado Guanajuato se ubicó como la segunda entidad más violenta del país (sin embargo, la situación es en cierto sentido más preocupante que la de Guerrero). Se registraron en total 124 ejecuciones, la mayor cifra mensual en la serie histórica de Lantia Consultores, que incluye datos a partir de diciembre de 2006. La situación que se observa en Guanajuato es grave por varias razones. En primer lugar, la violencia en el estado se debe al conflicto entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (una de las dos organizaciones criminales con mayores recursos y estructura del país) contra varias células de otras organizaciones. En segundo lugar, Guanajuato es un estado clave en materia de robo de combustible, que ya es a nivel nacional uno de los negocios más redituables para el crimen organizado. En tercer lugar, la violencia se concentra en municipios de la Zona Metropolitana de León (la sexta más poblada del país), donde se observa desde hace años un fenómeno extendido de pandillerismo. Se trata todavía de pandillas relativamente pequeñas, pero varias han participado ya en enfrentamientos armados. Si se establecen alianzas entre estas pandillas y el crimen organizado, se podría observar un escenario similar al que se registró en Ciudad Juárez hace una década (cuando el Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa reclutaron a las principales pandillas de la ciudad, lo que desembocó en el conflicto criminal con más muertes en la historia reciente del país).

Finalmente, cabe señalar que la violencia también ha repuntado en varios de los estados donde el Cártel de Sinaloa cuenta con mayor presencia, incluyendo Baja California, Colima y Sinaloa. La organización que por años lideraron El Chapo y El Mayo hace frente en primer lugar a tensiones internas (la aparente embestida de uno de sus más poderosos operadores, Dámaso López Serrano, contra los hijos de El Chapo) y a una creciente presión del CJNG en varios puntos clave, incluyendo Colima y Tijuana (que en enero se ubicó como el municipio más violento del país).

A finales del gobierno de Felipe Calderón, el Estado Mexicano logró hacer frente a una situación igualmente crítica a la que se observa actualmente, por medio de un viraje en un aspecto central de la estrategia de seguridad: los recursos se dejaron de dispersar en una confrontación indiscriminada contra todos los grandes cárteles y se enfocaron en combatir a las organizaciones más violentas. Este viraje permitió reducir de forma significativa el número de ejecuciones y neutralizar a dos de las organizaciones de mayor peligrosidad, primero Los Zetas y posteriormente Los Caballeros Templarios. Sin embargo, los desafíos cambian y hemos llegado al punto en el que no se puede esperar hacer lo mismo y obtener mejores resultados. Para garantizar la seguridad en el largo plazo la solución es construir instituciones policiales confiables en todo el país, no creo que haya desacuerdo sobre este punto. Sin embargo, para contener la crisis de violencia en el corto plazo, también es necesario un nuevo viraje en la estrategia de operación de las fuerzas federales. En una futura entrega analizaré en qué podría consistir este nuevo viraje.

Twitter: @laloguerrero

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