Opinión

La estrategia de Trump

 
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Donald Trump presentó a su esposa Melania en el escenario. (Reuters)

Cuando anunció que se lanzaba por la candidatura Republicana, hace poco más de un año, Donald Trump no parecía tener probabilidad de conseguirla. Su imagen personal era controvertida: casado tres veces con mujeres atractivas, había tenido éxitos y fracasos en los negocios, se manejaba como rockstar y se había creado fama de duro y tramposo.

Sus convicciones políticas eran dudosas. Se pensaba que estaba más inclinado hacia los demócratas: los Clinton habían estado en su boda y en 2008 había dicho que Hillary era la mejor candidata del mundo.

Empezó la carrera enfrentado a 18 contrincantes, la mayoría de ellos políticos profesionales con gran experiencia y una clientela consolidada.

No tenía el respaldo de ninguno de los patriarcas del Partido, no lo asesoraban consultores políticos conocidos y aseguraba que él mismo financiaría su campaña. Se pensaba que pronto abandonaría la competencia y se sumaría a alguno de los que sí parecían tener la fuerza necesaria para enfrentar a la candidata Demócrata, que iba sola en su partido.

¿Cómo le hizo, entonces? Para empezar, percibió bien el malestar de la población con la situación económica y el enojo que dejó la tibia actitud del gobierno frente a las financieras que provocaron la crisis de 2008.

Obama habla bonito pero no resuelve mucho. Su reforma de la seguridad social no produjo los resultados prometidos y la recuperación económica no acaba de llegar. Su política exterior es errática: ignora las aspiraciones imperialistas de Rusia y los abusos comerciales de China, hace concesiones gratuitas a Irán y a Cuba y no tiene una política clara frente a Siria.

Trump entendió que frente a esto, los diagnósticos y tratamientos que sugerían los republicanos que aspiraban a la Presidencia eran los convencionales y estaban desgastados. Por ejemplo, frente a la pérdida de empleos los conservadores planteaban frenar la inmigración ilegal como un problema de seguridad nacional. Incluso Pat Buchanan escribió un libro titulado State of emergency y personajes como Kris Kobach, Secretario de Estado de Kansas, o el sheriff Joe Arpaio en Arizona, habían hecho grandes cruzadas anti-migrante.

Sin embargo, ninguno de los republicanos que estaban en pos de la candidatura fue más allá de mantener la política de deportaciones, lo mismo que hicieron William Clinton y George W. Bush, exactamente lo que ha estado haciendo Obama y más o menos lo que propone Hillary.

Trump se subió a la ola, llamando violadores y asesinos a los mexicanos que cruzan ilegalmente la frontera y exigiendo a México pagar por la construcción de un muro. Como quien dice, los rebasó por la derecha.

Acaparó además la atención de los medios cuando parecía que esta sería una contienda aburrida. Durante meses, las barbaridades que decía motivaron más notas en las tres más influyentes cadenas de televisión (MSNBC, FoxNews y CNN) que la suma de los otros republicanos.

Después de ese golpe de efecto, DT se dio cuenta de que los americanos -no sólo los Republicanos- están cansados de políticos que no se atreven a llamar a las cosas por su nombre. Y encontró el blanco perfecto en Hillary, la quintaesencia de la corrección política. Cuando la etiquetó de retorcida (croocked), mentirosa e hipócrita, no hizo sino decir en voz alta lo que muchos piensan de ella.

Sabiendo que la ventaja competitiva de la ex Primera Dama era su amplia experiencia gubernamental, se dedicó a amplificar los errores y tropezones que ella ha tenido. La aporreó hasta el cansancio y logró ponerla a la defensiva.

En los tres primeros días de la Convención el tema ha sido la inconfiabilidad de la señora Clinton. Quien mejor lo expresó fue Chris Christie, quien alegando que el Departamento de Justicia la exoneró indebidamente, se transformó en fiscal y ante cada acusación hizo que los asistentes, convertidos en jurado, gritaran ¡culpable!

Trump llega a Cleveland sin gran oposición interna. Incapaces de frenarlo Romney y los Bush mejor no asistieron. A regañadientes, el Partido está unido, más en contra de Hillary que a su favor. Se abre una nueva etapa, la de humanizar al candidato. Ante los convencionistas ya aparecieron la esposa, los hijos y sus empleados para hablar bien de él. El reto es que el electorado le vea estatura presidencial.

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