Opinión

La estrategia ante Trump (primera parte)

    
1
  

     

Donald Trump

La diplomacia mexicana estableció con éxito una relación personal entre nuestros últimos cinco presidentes y los últimos cuatro de Estados Unidos —George H. W. Bush (41), William J. Clinton (42), George W. Bush (43) y Barack Obama (44).

Una vez que llegó a la Casa Blanca el presidente número 45, Donald J. Trump, la diplomacia de Peña Nieto, casi por inercia, intentó una vez más una relación personal entre ambos mandatarios. Se buscó y consiguió una entrevista temprana. Después de Teresa May, la primera ministra del Reino Unido (27 de enero), pero antes que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau (13 de febrero), Peña tenía una invitación para estar en Washington el 31 de enero.

Casi tres décadas antes, Carlos Salinas de Gortari logró una entrevista muy temprana con Bush (41), el 22 noviembre de 1988, cuando ambos eran presidentes electos. El encuentro celebrado en Houston fue clave para el futuro de la relación bilateral. Bush le dijo a Salinas “si quieres negociar un tratado de libre comercio estaremos preparados”, a lo que Salinas respondió no estar listo. Un año después, sin embargo, le tomó la palabra y la relación experimentaría con el TLCAN uno de los grandes parteaguas de su historia: de mantener una sana distancia a aprovechar cabalmente la contigüidad con el mercado más dinámico del mundo.

En los años que coincidieron con Clinton, tanto Salinas (1993-94) como Zedillo (1994-2000) llevaron una relación bilateral funcional. El exgobernador de Arkansas fue el que menos personalizó la relación con sus contrapartes mexicanas. Fue un presidente, especialmente en su primer cuatrienio, volcado a la política interna. Pero entendió bien la importancia de la relación con el vecino del sur para el bienestar de Estados Unidos. Acabaría apoyando el TLCAN negociado por la anterior administración republicana. Más aún, invirtió capital político para que el Congreso aprobara el tratado en noviembre de 1993. A Zedillo le salvó la plana al inicio de su sexenio. Utilizó su discrecionalidad ejecutiva para hacerle un préstamo de 50 mil millones de dólares a México y desvanecer así el 'efecto tequila', después de que sus propios legisladores demócratas le habían negado la partida millonaria.

Bush (43) fue el que llegó con la mejor actitud hacia México. Se ufanaba, incluso, que si bien no sabía mucho de asuntos globales, sí conocía al vecino del sur. No logró entrevistarse como presidente electo con Fox, pues hubo una larga disputa postelectoral sobre la votación en Florida. Sin embargo, a las tres semanas de ocupar la Oficina Oval, realizó su primer viaje internacional para visitar a su amigo vaquero de Guanajuato, Vicente Fox, nada menos que en su rancho de San Cristóbal. Ambos mandatarios convinieron crear un grupo de alto nivel para explorar la posibilidad de negociar un acuerdo migratorio. Esta propuesta la hizo Fox a insistencia de su canciller Jorge G. Castañeda. Las pocas posibilidades de lograr un acuerdo fueron aniquiladas al derrumbarse las Torres Gemelas en el ataque terrorista de Al Qaeda.

Obama (44), recién electo, tuvo una gran deferencia con México en enero de 2009. Felipe Calderón fue el único presidente extranjero que se reunió con él siendo presidente electo. Al terminar una larga reunión que se prolongó por más de dos horas, Calderón me comentó “descubrimos que tenemos varias cosas en común, somos zurdos, estudiamos leyes, fuimos a Harvard y tenemos esposas abogadas y altamente exigentes”. Esa confianza personal que, tempranamente construyeron Calderón y Obama, sería clave para que las fricciones que a la postre vendrían, como la salida del embajador Carlos Pascual en abril de 2011, pudieran ser sobrellevadas sin grandes daños para la relación bilateral.

Obama también mostró una clara disposición con Peña. Vino a visitarlo a la Ciudad de México tan sólo a cuatro meses de su toma de posesión, el 1 de abril de 2013. En su visita a nuestra capital insistió en la importancia de una buena relación con México, independientemente del partido en el poder y enfatizó que esperarían a que el nuevo gobierno diera las pautas de la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

En los dos años que gobernará Peña junto con Trump no podrá establecer una relación personalizada. Se romperá la norma. La visita temprana a Washington fue suspendida por un tuit mañanero, especialidad de la nueva Casa Blanca. El jueves previo al encuentro Trump tuiteó: “Si México no está dispuesto a pagar por el muro tan necesario, entonces sería mejor cancelar la próxima reunión”. Si el tuit no fue suficiente para dejar en claro que Trump es un gandalla, vendría pronto la filtración de la llamada -enviaré a las tropas para combatir a “hombres malos”-, la cual ablandó el consenso de la clase política de respaldar a Peña.

Al gobierno de Peña sólo le queda intentar un control de daños: evitar en la medida de lo posible que Trump cumpla a pie juntillas sus amenazas, como derogar el TLCAN, deportar a millones y edificar el muro.

La estrategia bajo la batuta del canciller Luis Videgaray pareciera componerse por cuatro elementos principales: no somos enemigos, somos aliados esenciales; despertar a los aliados naturales; empoderar a la diáspora y renegociar el TLCAN con la consigna de que sólo aceptaremos un mejor acuerdo.

Twitter: @RafaelFdeC

También te puede interesar:
Caos electoral en Francia
Frente a Trump, pluralidad
La guerra, preocupación ante Trump