Opinión

La esperanza de Europa

    
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Emmanuel Macron (AP)

El resultado el pasado domingo de la primera ronda electoral para presidente de Francia arroja importantes lecciones acerca del debate entre el nacionalismo y la integración europea que tiene lugar en tierras galas, pero también acerca de la esperanza que la propia Unión Europea (UE) pueda tener ante el resultado definitivo.

En total fueron 11 candidatos presidenciales desde la extrema izquierda, el socialismo francés y la derecha de centro, hasta las voces más conservadoras y radicales de la extrema derecha, nacionalista, antiinmigración, antieuropea, encarnadas por Marine Le Pen. El sistema establece que sólo los dos punteros pasan a una segunda vuelta electoral, en caso de que ninguno de los contendientes obtenga la mayoría, como es el caso desde hace décadas.

Resultados elocuentes: Emmanuel Macron 24 por ciento de los votos nacionales con el primer lugar; Marine Le Pen obtuvo el segundo lugar con 21.3 por ciento. La voz que representa el europeísmo, el fortalecimiento y la modernización de la UE, frente a la voz en el extremo opuesto: la señora Le Pen.

La división francesa suena resonancias en Gran Bretaña después del Brexit o en Estados Unidos después de la victoria de Donald Trump. A Macron lo apoyaron votantes educados de centros urbanos, mientras que Le Pen consiguió el respaldo del voto provinciano, del rural, del enemigo a la inmigración y la moneda única. Es decir, un electorado dividido no sólo en la geografía, sino especialmente en los niveles educativos, en su participación económica y en su diversidad europea. La señora Le Pen no alcanzó 5.0 por ciento de votos en París, la capital cosmopolita, europea y universal.

Otra lección es la derrota absoluta de los partidos convencionales, que no alcanzaron porcentajes de liderazgo. Los republicanos de derecha, se quedaron por primera vez fuera de la segunda ronda electoral. Y el socialismo francés, el partido del presidente Hollande y otros menores, quedaron muy por debajo de los porcentajes relevantes. El señor Macron, un improvisado en la política con su movimiento En Marche! (En Marcha!) que tiene menos de un año de formado, conquistó 24 por ciento de los votos totales y pasó a la segunda vuelta en primer sitio. Esto se lee como un rechazo absoluto a los partidos tradicionales y sus políticas, vistas con recelo y desconfianza por parte del electorado.

Europa está al centro del debate electoral francés: mientras que en Polonia o Hungría han triunfado líderes con un perfil claramente nacionalista, con discursos y narrativas antiinmigración y candidatos que defienden la bandera nacional por encima de la UE, en Holanda y Austria triunfaron –por estrechos márgenes- políticos proeuropeos, con una agenda progresista muy semejante a la de Macron.

De fondo, la socialdemocracia europea con sus excesos o pecados, como el Estado social benefactor que ha quebrado a España o a Italia y que ha enfrentado enérgicos debates en esta Francia dividida, es lo que se juega en esta jornada presidencial. Francia no es –con respeto a Holanda o Austria– un país secundario en la escena de la integración. Es un protagonista en la fundación de la Comunidad Económica Europea, en la propia unión fronteriza y económica, en la monetaria y sin duda en materia de seguridad y migración.

Sin Francia, la Unión Europea estaría herida de muerte, tal vez en la ejecución de la condena. Por ello, la sonora victoria de un candidato proeuropeo, al que por cierto se sumaron buena parte de sus contendientes y el propio presidente Hollande al día siguiente de la jornada, como un mensaje de cerrar filas en torno a su propuesta, levanta expectativas de que el populismo nacionalista no sea el único camino.

Con todo, de los 11 candidatos ocho eran críticos o abiertos opositores a la Unión Europea, que sumados sus votos en la jornada del domingo, alcanzaron 49.11 por ciento del total. Un segmento poderoso, importante, significativo, al que ahora deberá conquistar el joven Emmanuel Macron.

La esperanza de una Europa renovada, revitalizada, con una bocanada de oxígeno para impulsar cambios y reformas, descansa en los hombros de Macron. La señora Le Pen representa justo el discurso antieuropeo, antiinmigración, nacionalista y antieuro.

La cita, el próximo domingo 7 de mayo, definirá en buena medida el futuro de Francia, su orientación política, la implementación de un gobierno de centro, liberal, progresista, o uno nacionalista, antieuropeo y populista. Europa enciende la luz de la esperanza con un electorado temeroso, conservador y desconfiado.

Twitter: @LKourchenko

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