Opinión

“La escultura no es un objeto, es una interrogación, una cuestión, una respuesta”:
Alberto Giacometti

 
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Alberto Giacometti. (http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/giacometti.htm)

El pasado lunes 11 de enero se cumplieron 50 años de la muerte de Alberto Giacometti (1901-1966), artista cuya trascendencia ha marcado el desarrollo de la escultura de las vanguardias modernistas y su transición a las manifestaciones contemporáneas. Sus características figuras alargadas de bronce han sido pilares en la historia del arte moderno; una de ellas es la escultura más cara vendida en una subasta de la casa neoyorquina Christie’s en mayo del 2015, por más de 141 millones de dólares.

Nacido en Suiza, cerca de la frontera con Italia, Giacometti se educó en la Escuela de Artes de Ginebra y en 1922 se mudó a París, donde trabajó con el escultor Antoine Bourdelle. Aunque su carrera comprende diversas experimentaciones con el dibujo, la pintura y la escultura, es la última en la que logró alcanzar una maduración estética y de contenido. Durante la década de los 30 su carrera adquirió mayor fuerza dentro del movimiento surrealista francés. Con base en el sicoanálisis freudiano, la temática del escultor se centró en la sexualidad abordada desde el trauma y las obsesiones. Es así como desarrolló una serie de juegos, juguetes y modelos arquitectónicos que invitaban al espectador a interactuar con ellos, lo que en su momento se mostró como una postura radical.

Es, sin embargo, su abandono al movimiento surrealista y a la abstracción durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial lo que lo llevó a explorar otros intereses estéticos y teóricos de la escultura.

Pronto, la obsesión con la representación humana en el espacio adquirió un punto primordial para Giacometti, quien comenzó a experimentar con diversas técnicas que le permitieron crear una serie de ilusiones ópticas para representar figuras antropomorfas en movimiento dentro un espacio determinado.

Piazza (Plaza, 1947-48) es una escultura en bronce que muestra una base rectangular de la que surgen cinco figuras humanas en acción, de las cuales sólo una asemeja una figura femenina. La escena de una plaza cualquiera en la que ninguna de las figuras se relaciona con la otra aunque todas están dirigidas hacia el centro de la composición. El holocausto judío le dio un nuevo sentido a las figuras de Giacometti, cuando una serie de académicos las relacionaron con las marchas de la muerte. No obstante, el propio artista expresaba un interés más enfocado en la representación de las dinámicas urbanas: “en la calle, la gente (…) forman composiciones sin cesar que muestran la complejidad increíble de esta vida. Es la totalidad de esta vida la que quiero reproducir en todo lo que hago”.

Durante la década de los 50, Giacometti comenzó a relacionarse con el existencialismo en búsqueda de un lenguaje que pudiera expresar la fuerza interna de la energía y el dinamismo en sus esculturas. Sus obras fueron relacionadas con la melancolía, la soledad o la conciencia del ser como individuo por diversos teóricos y escritores enfocados en dicha corriente de pensamiento.

Sus hombres caminantes y otras figuras se convirtieron en emblemas de la individualidad del ser humano. La extraña combinación entre la fragilidad de la forma y la fuerte determinación para continuar que emanaban de sus esculturas fueron considerablemente importantes en un contexto de reajuste social y artístico.

Su influencia ha sido decisiva en el campo de la escultura hasta nuestros días, actualmente la Fundación Alberto y Annette Giacometti, con sede en París, está trabajando en la actualización de su catálogo razonado en vísperas a una magna retrospectiva en el Tate Modern de Londres el próximo año.

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