Opinión

La escasez en el acceso al crédito rural de cara al Presupuesto Base Cero

 
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Campo mexicano. (Cuartoscuro)

México es de los países con menor inclusión financiera rural y esto sigue siendo un problema con raíces estructurales, en las que converge un asunto de escasez de oferta adaptada a las condiciones del campo mexicano, así como un mercado financiero que no tiene incentivos para llegar a los estratos de menores ingresos; un crédito rural poco sofisticado para atender una agricultura diversa de pequeña y mediana escala en donde la gran parte son productores pequeños; así como por la falta de estrategias de desarrollo territorial en las que no existe concurrencia de servicios financieros, con seguro agrícola, asistencia técnica y subsidios para el emprendimiento rural. Como se ha insistido en muchas ocasiones, la política pública sigue dispersa y atomizada.

El déficit estructural del mercado financiero rural y el bajo financiamiento al campo también se deben a una estructura rural que ha sido incansablemente estudiada, analizada, diagnosticada, para la cual existen datos y estadísticas oficiales pero que poco se toman en cuenta para la planeación y el diseño de estrategias integrales de desarrollo.

Así, por ejemplo, sabemos que en materia de ingreso de los hogares el 58.1 por ciento de los hogares rurales de los primeros tres deciles de ingreso detentan el 27 por ciento del ingreso rural; mientras que el 10 por ciento más rico (últimos tres deciles de ingreso) concentra el 35.4 por ciento del ingreso rural. Esto es, el 10 por ciento de los productores más ricos tienen 1.3 veces más ingreso que 3/5 de hogares rurales. En la distribución de la tierra, el 75.5 por ciento de las unidades de producción tienen menos de 10 hectáreas y 4.1 por ciento de las unidades tienen más de 50 hectáreas.

El 63 por ciento de los productores sólo cursó hasta el nivel primaria y 11 por ciento no tiene grado de instrucción alguna. Contrastantemente, el 59 por ciento de los productores se encuentra entre los 26 y 60 años de edad, esto es, hay potencial en la fuerza laboral que todavía es económicamente activa en su mayoría.

Además, de los productores del campo, según datos del Inegi, sólo 7.6 por ciento accedieron al crédito en el año 2012, 42 por ciento de los créditos se dieron con tasas mayores a 20 por ciento anual y con plazos menores a un año. Aunado a estos datos, el 80 por ciento de los beneficiarios del Programa Especial Concurrente para el Campo reciben sólo 20 por ciento de los apoyos a la producción y la productividad.

Lo que da cuenta de que no existe correspondencia entre lo que ocurre en la sociedad rural, las políticas y el mercado financiero.

¿Qué sistema financiero es el que necesitamos para desarrollar al campo? Es una pregunta compleja de la cual podemos afirmar, con base en la experiencia internacional, que ningún sistema de financiamiento a la agricultura ha emergido del simple funcionamiento del mercado. Los sistemas de financiamiento a la agricultura han surgido como respuesta de una decisión de política superior, así lo han hecho el Crédit Agricole de Francia, el Sistema Raiffeisen en Alemania, el Rabobank en Holanda, la Cooperativas Desjardins en Canadá o las Cooperativas Agrícolas en EU, en donde una característica común es que surgieron a partir de la interacción de la sociedad rural junto con una decisión del Estado.

Lo siguiente es que no existe una solución financiera única para todos los segmentos de la población rural y todos los tipos de agricultura, más todavía en un país diverso, pluriétnico, pluricultural y con enormes desigualdades socio económicas como el nuestro. En estos casos, la banca comercial y grandes financieras tendrán interés por financiar las grandes extensiones de tierra que están integradas al mercado internacional o al menos, a nivel nacional. De lo que podemos concluir que, por más subsidios que se les den, no tienen ni tendrán interés o negocio en un campo como el que se describió anteriormente.

En cambio, los sistemas financieros descentralizados, constituidos por intermediarios financieros locales, de base social, adaptados y de proximidad, casi siempre se orientan a atender a los agricultores de su territorio, independientemente de si son pequeños o medianos. Y lo tercero es que no existen modelos financieros neutros, ya que siempre hay dueños, accionistas o beneficiarios.

De manera que de cara al presupuesto fiscal con base cero que se pretende implementar a partir del año 2016, es muy relevante preguntarse: ¿qué programas, qué subsidios, qué políticas públicas mantener en el presupuesto, pero sobre todo, preguntarse: para qué agricultura y para qué productores?

Si tomamos en cuenta la experiencia internacional y la evidencia sobre sistemas financieros diversos en donde algunas soluciones se dan a nivel local y regional, mucho hay que repensar acerca de los subsidios y de los financiamientos de la banca de desarrollo de cara al ejercicio fiscal 2016, en donde un Presupuesto Base Cero no sea sólo reducir montos y programas, sino también modificar los criterios de asignación y operación en donde las metas se definan en razón de romper con las causas estructurales del atraso en el campo mexicano.

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