Opinión

La encrucijada

 
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CNTE Chiapas

Una de las herencias más perversas del viejo priismo, de aquel sistema unipartidista y homogéneo, fue la alimentación y el fortalecimiento del sindicalismo de Estado hasta niveles críticos para la gobernabilidad. Don Fidel Velázquez y la CTM –parte constitutiva del PRI– encabezaron por décadas el brazo 'obrero' del partido, que en la distorsión sindicalista y postrevolucionaria construyó estos monstruos sindicales de líderes perpetuos y corrupción enquistada. Así creció y se fortaleció el sistema.

Modificar esas reglas ha tomado cerca de 25 años, desde el inicio de las reformas en la administración del presidente Salinas, la privatización de Telmex y la negociación con su entonces combativo sindicato; la desaparición de los ferrocarrileros como fuerza movilizadora; el cierre de la Compañía de Luz con sus excesos y corrupción sistémica que provocó marchas y movilizaciones que con los años, se han ido extinguiendo. La CFE substituyó con éxito y eficiencia el servicio, reduciendo el millonario déficit.

Las reglas no escritas por años operaron bajo la lógica de la presión para obtener aumentos, incrementos, plazas y múltiples prebendas bajo el amago de marchas y plantones. Si así fue el modus operandi, ¿por qué hoy la CNTE –célula extremista del sindicato magisterial– debiera actuar de forma distinta?

Lo que está de fondo no es la educación nacional como de forma tramposa y maniquea afirman los señores de la Coordinadora y sus extraviados simpatizantes. No se trata de mejorar la calidad pedagógica, el trabajo en el aula, el equipamiento escolar, la capacitación docente, la construcción de una evaluación 'justa' y 'no punitiva' como afirman.

Lo que está de fondo en la negociación extendida de salarios, plazas y dinero que el Estado les ha otorgado por centenas de millones de pesos “para evitar problemas” a lo largo de décadas.

Lo que está de fondo es la garantía prolongada de que podrán continuar manejando los salarios de los maestros afiliados a la CNTE, disponer de los recursos, controlar a los afiliados, exigir a los gobernadores.

La reforma educativa, señalada y vilipendiada de forma injusta, replantea las condiciones laborales esenciales en la relación del trabajador (el maestro) y su patrón (el Estado). Y esencialmente las condiciones consisten, en lo mínimo básico de cualquier empleo del mundo: tienes que comprobar que estás capacitado para desempeñar el trabajo, y el patrón debe medir y evaluar al paso del tiempo, si esa capacitación alcanza, está actualizada o no.

Los señores de la CNTE no quieren ser evaluados, y más aún, no quieren que como consecuencia inmediata a la evaluación, se tomen decisiones de capacitación, entrenamiento, reasignación de funciones.

No quieren tampoco que –condición básica en cualquier empleo del planeta– si el trabajador se ausenta de sus labores de forma injustificada –y las marchas y los plantones no cuentan como motivo justificado– haya consecuencias. ¿Ha probado usted faltar a su trabajo tres días continuos sin motivo o explicación razonable de por medio? ¿Qué pasaría?

Los señores de la CNTE hablan de pedagogía como si de verdad les importara, actúan con violencia y beligerancia en la extorsión al gobierno y la sociedad, como la depravada herencia de un sistema que los alimentó y les otorgó una serie de privilegios inmerecidos que ahora reclaman como derechos adquiridos e irrenunciables.

No son los maestros los dueños de la educación en México, como tampoco lo es la SEP, el gobierno o los estados: la educación es de todos los mexicanos, quienes ciertamente hemos fallado en expresar nuestro cansancio, hartazgo, rechazo y descalificación total de los métodos y demandas de la CNTE.

Vea usted a la sección de Michoacán, atacando sucursales bancarias que bajo el nuevo sistema depositan directo a los maestros sus salarios. La CNTE lo rechaza, porque pierde el control y manejo de los dineros, que los pagos pasen por la Coordinadora, como fue erróneamente por años.

El gobierno enfrenta el mayor desafío de su ejercicio en esta administración. Los organismos de la iniciativa privada (CCE, Coparmex, Canacintra) solicitan la solución del conflicto con las herramientas propias que posee el Estado. Piden y exigen el alto a la violencia, al despojo, al daño a propiedad privada, al bloqueo de caminos y carreteras que impiden el libre tránsito de personas y mercancías. El gobierno responde que están muy cerca de lograrlo por medio del diálogo, pero la realidad los desmiente. La CNTE no cede, no da un paso atrás: violenta, destruye, bloquea, incrementa movilizaciones, incendia locales, se enfrenta con policías y la autoridad se repliega. Los deja hacer, les permiten delitos que se persiguen de oficio y que superan al debate magisterial.

¿Cómo resolver el conflicto? ¿Cómo destrabar una negociación que parece congelada ante la irrenunciable postura de ambas partes? El gobierno no derogará la reforma –sería un retroceso histórico– mientras que la CNTE no acepta ninguno de los términos además de exigir más privilegios y prebendas. Insisten en regresar el tema de las plazas automáticas después de las Normales, como antesala de mero trámite al sistema educativo nacional. Sin examen previo, sin concurso, sin diagnóstico.

La encrucijada consiste en el respeto al derecho y al marco jurídico en paralelo y por encima de cualquier diálogo o negociación, o el otorgamiento en los oscurito –mecanismo utilizado por este y muchos gobiernos– de dineros, prebendas, promesas y concesiones a cambio del cese de bloqueos y el regreso a clases.

El gobierno, de forma muy pragmática, tal vez elija un poco de ambos, 'flexibilizar' la reforma, 'atenuar' y suavizar la evaluación docente para darles gusto y ganar tiempo. De fondo, no se resuelve el conflicto y gana la impunidad y la lección de que el gobierno 'se dobla' ante la presión y el chantaje.

Twitter: @LKourchenko

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