Opinión

La empleabilidad de los universitarios latinoamericanos: ¿un mito?

 
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Forenses trabajan en un laboratorio de Pointoise, Francia. (Reuters)

La educación superior ha sido considerada por muchos, y creo con buen grado de razón, el mejor instrumento para la promoción social y la posibilidad de lograr un buen nivel de empleo. Muchos gobiernos, familias e individuos han comprado dicha idea y no existe mayor ilusión en una familia, particularmente en la de menores ingresos, que poder enviar a sus hijos a la universidad.

Lo interesante es averiguar si esto es posible, así como cuáles son las carreras que más demanda tienen. Las cifras disponibles para varios países de América Latina ofrecen información interesante y heterogénea que vale la pena examinar.

En el caso de México, con información disponible para el 2015, muestran que carreras como Administración y gestión de empresas, Contabilidad y fiscalización, Derecho son las más demandadas, medido esto por el número de ocupados.

Le siguen, con números que representan casi el 50% de los que tienen las mencionadas antes, carreras como Formación docente para educación básica, Ingeniería industrial, mecánica, electrónica y otros tipos de ingenierías, Medicina, tecnologías de la información y la comunicación, Ciencias de la Comunicación, Psicología y otras. Una diferencia interesante entre estos dos grupos de empleados es que los segundos tienen menores puestos de trabajo a su disposición pero mayores ingresos.

Un tercer grupo con menor nivel de empleabilidad, y también de ingreso, está representado por las carreras de Economía, Química Veterinaria, Negocios y comercio y otras. Sin embargo, nuevamente, los niveles de ingreso de este tercer grupo de profesionales se parecen al que obtienen los del segundo grupo.

Toda esta información apunta a que los niveles de ingreso de los profesionales empleados están, por lo menos en el caso de México, regidos por criterios diferentes a los tradicionales de la oferta y la demanda.

En el caso de Chile, la información obtenida, aunque organizada con una metodología diferente a la de México, apunta hacia temas que dibujan las tendencias de la economía y la sociedad de ese país. 

Toda esta información muestra las vocaciones productivas de los países.

Como es obvio, en Chile la minería es la base de la formación y empleo de los profesionales que egresan de las universidades.

En el caso de Colombia, la información obtenida es singular. 

Sin embargo, existe otro grupo de profesiones en donde existe un número muy importante de profesionales buscando trabajo y una demanda muy pequeña Resaltan los abogados y los profesores de educación básica.

Finalmente en el caso del Perú, a pesar de ser un país eminentemente minero y petrolero, los profesionales que más ocupaciones tienen en el mercado de trabajo, no son los ingenieros, sino más bien los que se han educado en las áreas Administrativas y comerciales y de Ciencias de la Salud. 

Toda esta información resulta interesante porque como es posible observar en los cuatro casos de países presentados, hay ítems de la oferta de educación superior que pocas posibilidades de empleo ofrecen a sus egresados. ¿Debería esta información ser la guía para la estructura académica de las universidades y así cumplir con los individuos y las familias que mediante un título universitario se obtienen un buen trabajo y buen ingreso? O, ¿a pesar de la discriminatoria estructura del mercado laboral, la educación superior debe seguir ofreciéndole a la sociedad todas las áreas de conocimiento? Esta es una discusión candente y aún no resuelta.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM y Secretario General de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL).

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