Opinión

La educación y su curso

 
1
 

 

Salón de clases. (Cuartoscuro)

Para nadie es un secreto que el mundo educativo está en profunda transformación. Lo afirmo y lo reitero constantemente en espacios radiofónicos y en encuentros con maestros o padres de familia en todo el país. Muchos países en el mundo iniciaron a principios de la década pasada, es decir, a principios del siglo, procesos de revisión y reconstrucción de sus sistemas educativos. Lo hizo Corea del Sur, lo hizo Singapur, lo hizo Finlandia y después muchos europeos y americanos. La premisa unificadora fue: la educación que tenemos no responde a las necesidades del siglo XXI, no sirve, no genera ni produce personas habilitadas para competir en el siglo XXI.

México llegó tarde –como en casi todo– a esta premisa. Llegó tarde porque nuestro país antes de cuestionarse acerca de las habilidades y competencias del nuevo siglo, antes de asumir que el viejo sistema de repetición memorístico estaba superado pedagógicamente en el mundo –lo demostraba ya PISA con claridad desde el 2004– se tenía que ocupar del grave problema de “politización” del sistema educativo y su cancerígeno aparato sindical. Durante décadas, producto de la distorsión del sistema corporativista del PRI, el SNTE ganó posiciones y canonjías por encima de muchos otros sindicatos del país; plazas, puestos, becas, salarios, bonos, “comisiones” –que no eran otra cosa que aviadores autorizados– y además, posiciones de control político. Secretarías de Educación, direcciones generales, y posteriormente, hasta gobernadores y legisladores propuestos y sostenidos por el magisterio. La distorsión del movimiento magisterial convertido en fuerza política desvió cualquier energía o atención auténticamente educativa para convertirla en fuerza electoral y de presión política. Ahí están Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas, Veracruz y Puebla como los ejemplos más elevados de esta perversión, pero puede usted sumar muchos otros como el Estado de México, Tlaxcala y muchos más.

Lo importante en México fue por años el debate político electoral en el seno del SNTE y sus posiciones de poder en ministerios y gobiernos estatales, nunca el tema educativo, el pedagógico, el debate respecto a la revolución educativa que tenía lugar en el mundo.

Esta administración, con valor y convicción, pero también guiada más por el peso político que el educativo, encarceló a Elba Esther, esencialmente por rebeldía al nuevo gobierno y a la administración que impulsaba una reforma completa.

Los recientes anuncios del secretario Nuño en la SEP hacen abrigar esperanzas de que algo está en curso. La parte de la reforma que se ha completado –vital e imprescindible– era modificar la relación obrero-patronal entre el trabajador y el Estado, entre el maestro y la SEP. Adiós a las plazas por cuota, a los contratos garantizados, a las cantidades multimillonarias para supuestas capacitaciones y prestaciones ridículas. Muy bien.

Pero ahora viene lo importante: la reforma en materia de contenidos y programas de estudio. Hacia dónde debe ir la educación en México, hacia qué modelo, con qué perfiles de egresado, es un gran debate que aún está por darse en este país.

Las recientes declaraciones del nuevo secretario, joven, energético, comprometido con el tema –aparentemente– ofrecen alguna expectativa: los maestros faltistas se les descontará el día; los maestros que se nieguen a ser evaluados serán dados de baja. La reforma avanza –ha dicho el presidente– y la Conago en pleno el lunes pasado, confirmó el compromiso y respaldo de todos los gobernadores.

Subsisten algunos palurdos del siglo pasado, como el interino de Guerrero, Rogelio Ortega, y su insigne secretario Pino, quienes se niegan a aplicar el descuento como consecuencia de las marchas y ausencias del 2 y del 12 de octubre. El gobierno federal es el que paga, pero es el estatal y municipal el que registra –o debiera– la lista de asistencia, el cumplimiento de sus labores y funciones. Si la entidad federativa se niega, la Federación no tiene herramientas o instrumentos para sancionar o llamar a cuentas al maestro, por ahora. Está en construcción un sistema electrónico de registro y rendición de cuentas que Aurelio Nuño afirma estará listo hasta principios de 2017.

Si la SEP y su joven titular se mantienen firmes, si aplican los criterios inscritos en la reforma constitucional, si retiramos a todos esos docentes falsos, voladores del sistema, incapaces del auténtico magisterio, subsiste una esperanza luminosa para que la educación en México, cambie de verdad.

Twitter:@LKourchenko

También te puede interesar:

Argentina a elecciones

El reto de Francisco

Viejos rostros, mismos temas