Opinión

La educación en el 2º Informe: Logros y pendientes

A casi dos años de gobierno del presidente Peña Nieto, los logros políticos y legislativos en materia educativa son notables. Destaca, en primerísimo término, la recuperación por parte del estado del control sobre las plazas docentes: pieza central del viejo arreglo político-institucional en el ámbito educativo. Subrayo este tema por su importancia capital en términos tanto políticos como educativos.

Desmantelar el control del SNTE –cedido a lo largo de muchos y muy distintos gobiernos– sobre las plazas docentes no era fácil y en eso se invirtió el grueso de la energía y los recursos de esta administración desde su inicio hasta la fecha. Había que hacerlo, desde la lógica priista, para que quedara claro quién manda, pero resultaba indispensable hacerlo también como condición sine qua non para impulsar cualquier intento por mejorar la educación en serio.

Un segundo avance importante y relacionado con el anterior tiene que ver con el establecimiento de reglas claras y generales, basadas en el mérito y el desempeño, para determinar el ingreso y promoción a la profesión docente.

El tercer logro a resaltar tiene que ver con la re-centralización de la nómina magisterial. Si bien polémico, este cambio tiene, a mi juicio, muchos elementos positivos, pues genera las condiciones para empezar a ordenar los dineros de la educación, asunto en el que, entre muchos otros derivados de la descentralización trunca de principios de los noventas, había y todavía hay un verdadero caos.

Un último avance muy significativo es el relativo a la información y la transparencia. El Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos levantado el año pasado nos permitió contar, por primera vez, con cifras precisas sobre aspectos fundamentales del sistema educativo. Si bien falta camino por recorrer (en particular, que el gobierno haga pública la base de datos completa del censo y que el ejercicio se convierta en regular, entre otras), los avances en este campo han sido mayúsculos.

Gracias a las reformas legales, así como los cambios institucionales y administrativos en educación introducidos desde 2013, la estructura y funcionamiento de nuestro sistema educativo –particularmente en la parte de educación básica- tiene menos lastres y candados políticos y es mucho menos opaco que en el pasado. Si se tratara de un coche, podría decirse que ahora tenemos uno cuyo volante no está secuestrado y acerca del cual contamos con información básica.

Muchos avances sí, pero también muchísimos pendientes. Siguiendo con la analogía del coche, lo que queda por hacer es definir el destino preciso, elegir la mejor ruta, asegurarse de que frenos, acelerador y demás funcionen, así como hacerse de los recursos materiales y humanos para lograr llegar al destino deseado. En concreto y por lo que hace a educación básica, faltan tres cosas fundamentales: definir el contenido educativo de la reforma, cerciorarse de contar con el andamiaje institucional mínimamente requerido para aterrizar los cambios y proveer la chispa capaz de movilizar a las miles y miles de voluntades requeridas para que las escuelas se conviertan en lugares donde los alumnos aprendan a volar por sí mismos.

Sobre el tema de qué enseñar y cómo, falta definir claramente prioridades (no es posible hacer todo a la vez e intentarlo contribuye a perpetuar el marasmo administrativo-burocrático de la política educativa).

En la parte institucional, recursos humanos y materiales para hacer realidad la promesa de una mayor calidad educativa para todos queda también mucho por hacer. Destaca, al respecto, la necesidad de volver funcional la coordinación federación-estados, así como la de invertir en serio y con brújula en capacitación de docentes y directores escolares. En materia de chispa e inspiración, no hay todavía prácticamente nada.

Muchos avances y, también, un camino largo por andar.