Opinión

La edición 58 de la serie del Caribe

 
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Serie del Caribe. (www.havanatimes.org)

En Santo Domingo, República Dominicana, dio inicio el lunes pasado la edición número 58 de la Serie del Caribe de beisbol, que habrá de concluir este domingo. Es ésta la tercera ocasión en que el ya tradicional torneo latinoamericano registra la participación de cinco países. Éstos lo hacen a través de su respectivo campeón de la campaña de beisbol invernal, a saber: Cuba, México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela.

Para tener una mejor idea de esta clásica competencia del deporte rey, que comenzó en 1949, cabe decir que en una primera etapa, que abarcó de su año de inicio a 1960, los países que compitieron fueron: Cuba, Panamá, Puerto Rico y Venezuela representados, como se dijo, por el equipo campeón de su temporada de pelota invernal. Al decretarse por Fidel Castro la desaparición del beisbol profesional en Cuba, este país dejó de participar y los torneos dejaron de celebrarse a partir de 1961.

Ya sin Cuba, la Serie se reanudó en 1970. El lugar de Panamá lo tomó la República Dominicana. Fueron pues en este año de reinicio sólo tres los países participantes. Pero un año después, en 1971, se incorporó nuestro país representado por el campeón de la Liga Mexicana del Pacífico, equipo que siempre va reforzado, como hacen también los demás países participantes. De hecho por Cuba, que regresó en 2014, va prácticamente su seleccionado nacional.

En consecuencia, la calidad de pelota que se juega en la Serie del Caribe suele ser muy buena. Ello a pesar de que hace desde al menos quince años las Grandes Ligas de Estados Unidos ya no permiten a quienes juegan en equipos de éstas que participen en las ligas invernales latinoamericanas, salvo casos de excepción.

Lo anterior, como ya se dijo, en modo alguno significa que el nivel competitivo y la calidad del torneo se vean disminuidos. De hecho constituye la mejor oportunidad que tienen los numerosísimos buscadores ligamayoristas de talento, para ver en acción a los muchos prospectos de la pelota en nuestros países, quienes por ello se emplean a fondo en la Serie. De esto, naturalmente, la afición se beneficia.

La Serie del Caribe es pues un buen escaparate para los beisbolistas mexicanos. Algo les ha pasado a nuestros peloteros que no llegan, como debería ser, en buen número, a las Grandes Ligas.

Hay quienes explican ese déficit achacándolo a nuestra genética. No creo que sea la razón. Deben ser otras, como la falta de estímulos al beisbol, la mínima importancia que se le concede, en particular por los medios, y a la falta de una debida preparación y de adecuada detección y selección de talentos.

De acuerdo a la información del dilecto amigo sonorense Eduardo Almada, gran conocedor del tema, el primer mexicano que llegó a Grandes Ligas, Melo Almada, su padre, lo hizo en 1933 y a la fecha van 118 compatriotas los que han arribado a la Gran Carpa.

En contraste, el primer dominicano llegó en 1956 y hasta ahora van 642 de este país. De Venezuela desde 1939 suman 341 y de Puerto Rico desde 1942 su número es ya de 253. El tema debe analizarse con más profundidad.

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