Opinión

La economía y los adelantos científicos

Mario Rodarte E.

Si bien un buen número de avances científicos está relacionado con la disponibilidad de tecnologías más avanzadas, la inmensa mayoría está relacionado, tanto con el tipo de preguntas que uno se hace para responder, como de la capacidad para analizar y aprender de la evidencia disponible. Luego de las aportaciones que hiciera Gary S. Becker, dando respuestas a preguntas en las que en apariencia nada tiene que hacer la economía, al parecer esta habilidad se ha ido perdiendo poco a poco. La ciencia económica está más matematizada y predominan los análisis estadísticos complejos y sofisticados, que cada vez menos personas entienden, pero son útiles para exprimir las neuronas de algunos estudiantes trasnochados de doctorados en destacadas universidades, que cuando terminan sus estudios pretenden poner a trabajar lo que aprendieron y como dicen en mi pueblo, pues ahí fue donde la puerca torció el rabo.

Mucho de la evolución de nuestro planeta, los cambios que ha sufrido, como se originaron y la manera como hemos sobrevivido se ha aprendido de analizar la evidencia de sitios en los que hubo un desastre mayúsculo, como fue la llegada del meteorito que destruyó a los dinosaurios, o las erupciones volcánicas que borraron una buena parte de los bosques y señales de vida en una buena parte de la tierra, o los incendios forestales, que tienen un origen y son de gran utilidad para revitalizar los bosques y darle un nuevo impulso a la agricultura y la vida vegetal y animal. Ni que decir de los océanos, en donde apenas ha empezado la exploración sistemática, gracias a la disponibilidad de equipos para sumergirse a profundidades impensables, o el estudio de planetas que ni siquiera sospechábamos que existen y que gracias a los avances científicos se han empezado a analizar. Pero ojo, una buena parte de los avances obtenidos, insistimos, se ha logrado gracias a las preguntas que uno es capaz de plantearse.

Volviendo al tema de la economía, los expertos no han sido capaces de dar explicaciones convincentes del origen de los ciclos económicos y cómo podemos constatar, la evidencia sobre las crisis que hemos sufrido es cuantiosa, aunque tampoco sabemos mucho de alguien que haya entrado a estudiarla tratando de encontrar respuestas convincentes, pero sobre todo, buscando la forma de evitarlas, o por lo menos aminorar sus efectos en el futuro. Los astrónomos pueden decir en cuantos años pasará un meteorito muy cerca de la tierra y si existe peligro de una colisión inminente, pero los economistas no podemos decir cuando se formará otra burbuja, ya sea inmobiliaria, hipotecaria, de precios de commodities, o simplemente otra burbuja especulativa que cause otra crisis como la vivida recientemente, o la que produjo el efecto tequila, o el efecto vodka y tantas más que se presentaron en el pasado.
Como que la mayoría de la profesión se encuentra cómoda con el enfoque de optimización, de utilidad y de beneficios, para derivar un modelo de equilibrio de mercado, que hasta donde podemos decir, bajo condiciones de competencia el equilibrio no es alcanzable ni estable y por lo tanto se han obtenido mejores resultados aplicando soluciones bajo condiciones casi monopolísticas, oligopólicas, o algún tipo de modelo con información asimétrica entre los participantes en el mercado. No sabemos a ciencia cierta cuanto incomoda a los especialistas esta situación, aunque dentro del círculo que se encarga de diseñar, aplicar y evaluar política económica, al parecer están bastante tranquilos. En el país se siguen haciendo leyes, sin revisar o actualizar o dejar sin efecto leyes anteriores, lo que hace que la operación de casi todos los mercados sea muy onerosa y beneficie sólo a unos cuantos. Decimos que sabemos que deben existir incentivos para que, bajo el principio de optimización la gente busque optimizar su situación, aunque seguimos siendo de los lugares en donde el incumplimiento de contratos es demasiado elevado, si no el más alto del mundo. La ineficiencia no tiene consecuencias, como tampoco las tiene no observar la ley, ser corrupto, o simplemente hacer lo que nos venga en gana.

Viene la parte más interesante de las reformas, que es su puesta en operación y no hemos corregido esos pequeños detalles, posiblemente porque nadie ha puesto el énfasis suficiente para que se corrijan o simplemente haya señalado y demostrado cuánto mal le causa a la sociedad la situación como está. Sin duda las reformas van a tocar intereses de grupos y personas muy poderosas, que lo más seguro es que no se queden viendo como su pequeño imperio se desmorona.

Posiblemente ya se hayan adelantado y ya estén por capturar entidades regulatorias, o preparando a sus huestes para formar parte del selecto grupo de personas que deberán operar los organismos regulatorios. Suena exagerado, pero cuando hablamos de grupos muy poderosos podemos estar seguros que el incentivo ahí sí es el de la maximización de los beneficios y saben a la perfección cuál es la manera de defenderse y ya lo han hecho antes. En tanto debemos preguntarnos qué es capaz o será capaz de hacer la autoridad y sobre todo, los expertos en el tema.