Opinión

¿La economía global realmente está en problemas?

 
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Paul Krugman.

Para los países, ponerse de moda en Wall Street (o peor aún, volverse parte de un acrónimo pegadizo) es como salir en la tapa de Businessweek o de la revista Fortune: es una señal inequívoca de grandes problemas por delante.

Por tanto, deberíamos haber sabido que los BRIC (la etiqueta colectiva para Brasil, Rusia, India y China) se dirigían hacia una desagradable caída; y efectivamente, los mercados emergentes han pasado de héroes a villanos prácticamente de la noche a la mañana.

¿Pero cuáles son las implicaciones para la economía mundial? Los mercados emergentes están afuera, pero los países avanzados otra vez están adentro. Entonces, ¿no es esto un equilibrio? Desafortunadamente no, porque hay una asimetría importante.

Es cierto que todos los exportadores de commodities están siendo afectados. Pero están respondiendo de forma distinta. Tomemos por ejemplo la política monetaria de Brasil versus de la Canadá. Ésta última ha mantenido bajas las tasas de interés; de hecho, Canadá incluso podría practicar cierto estímulo fiscal si la economía sigue debilitándose.

Pero la política brasileña está reforzando la caída del país, con tasas de interés en aumento y una política fiscal restrictiva como posibilidad. No es porque los brasileños sean estúpidos. En parte se debe a que entraron a esta situación con una tasa de interés relativamente alta, por lo que no muestran la misma relajación que los canadienses respecto a la depreciación monetaria. Pero también se debe a que los mercados emergentes siguen sufriendo hasta cierto grado del “pecado original”; mercados capitales subdesarrollados, y tendencia a endeudarse en moneda extranjera. Este pecado no es ni remotamente tan severo como hace 15 años, cuando los economistas Barry Eichengreen y Ricardo Haussman acuñaron el término, pero el endeudamiento corporativo denominado en dólares luego de 2008 hizo que volviera parcialmente.

El resultado es que conforme los mercados pierden fe en las economías emergentes, éstas son forzadas a aplicar políticas contractivas. Al mismo tiempo, las economías avanzadas que están recibiendo los influjos de capital no están respondiendo con políticas expansivas. Entonces, el efecto general de la desilusión colectiva de los mercados emergentes es un giro global hacia la contracción. Y aunque sigo pensando que no basta para producir una recesión mundial, me siento menos seguro que hace unos meses.

Ah, y un aumento en las tasas de interés en Estados Unidos (que no sólo afectaría a la economía estadounidense sino también a los mercados emergentes con un dólar más fuerte) ayudaría bastante a empeorar las cosas.

Villanos del clima

A continuación dos historias que debería leer una tras otra.

Primero, ahora está bastante claro que Exxon ha estado gastando millones de dólares para evitar acción púbica contra una catástrofe en cámara lenta que la compañía sabía bien que estaba pasando. De acuerdo con Scientific American, la propia investigación de Exxon señalaba al calentamiento global como un problema grave hace casi 40 años, pero ha hecho todo lo posible para confundir el tema, intentando ganar otro par de décadas de ganancias a costa de la humanidad (lea el artículo aquí: bit.ly/1LxZ0ux). El cinismo es notable.

Mientras tanto, David Roberts, de Vox, escribió un artículo (léalo aquí: bit.ly/1Mn1DD1) señalando las tácticas macartistas que el Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes ha estado utilizando para perseguir e intimidar a los científicos, especialmente los que trabajan en cuestiones de clima, aunque no sólo a ellos.

Si no luchamos a tiempo contra el cambio climático para evitar el desastre (que cada vez parece más probable), no será porque no tuvimos conocimiento para comprender el problema plenamente, ni las herramientas para arreglarlo. Será por el cinismo y la codicia que, dado lo que está en juego, se elevaron al nivel del mal.

Twitter: @NYTimeskrugman

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