Opinión

La economía europea: aún tambaleante

Durante el año pasado se emitieron muchas proclamaciones en el sentido que la crisis del euro ya había terminado y que la economía de Europa se está recuperando. Detrás de estas proclamaciones yace algo muy real -una descomunal convergencia en las tasas de interés, gracias al apoyo del Banco Central Europeo, y la creencia en aumento de que los riesgos políticos para el euro se han atenuado-, así como algo más dudoso: un modesto aumento en el crecimiento de países deudores.

Así que las cifras más recientes del Producto Interno Bruto en la eurozona son en verdad decepcionantes. No solo es que el crecimiento en general siga lento; aunque tras un largo bache se supone que las economías tengan un periodo de crecimiento por encima del promedio conforme van regresando a la tendencia, y una tasa de crecimiento anual de 0.9 por ciento no basta. Además, es también que el crecimiento está en los lugares equivocados. Necesitamos ver la convergencia entre los países destrozados por la austeridad en la periferia de la eurozona y los países en el núcleo; de hecho, Alemania es la principal fuente de crecimiento, en tanto naciones periféricas quedan más a la zaga.

Ah, ¿Y acaso alguien ha notado que los “milagros bálticos” están pareciendo un poco menos milagrosos? El crecimiento en Estonia efectivamente ha bajado este año, al tiempo que Letonia no está creciendo más rápidamente que EU.

La historia europea sigue siendo de estrategias económicas profundamente destructivas, las cuales han infligido gran daño, pero no han conducido a la ruina porque la cohesión política de la eurozona es más fuerte de lo que personas como yo nos percatábamos.

Pronósticos y prejuicio

La crisis de 2008 y sus consecuencias han sido un momento de pruebas para economistas; además, las pruebas han sido tanto morales como intelectuales. Después de todo, los economistas hacen pronósticos muy diferentes con respecto a los efectos de las diversas respuestas de estrategia a la crisis; de manera inevitable, algunos de esos pronósticos terminarían estando profundamente equivocados. Así que, ¿cómo reaccionaron quienes estaban equivocados?

Los resultados no han sido alentadores.

Por ejemplo, el economista Allan Meltzer sigue emitiendo terribles advertencias, más recientemente en un artículo de opinión del Wall Street Journal sobre la inflación que se avecina. Los recién llegados a este debate pudieran no estar del todo conscientes de la historia aquí, así que recapitulemos. El Sr. Meltzer empezó a batir el tambor de la inflación hace cinco años, pronosticando que la expansión de la Reserva Federal de su balance general causaría descontrol en aumentos de precios; en el ínterin, algunos de nosotros destacamos tanto la teoría de la trampa de liquidez como la experiencia de Japón, explicando que esto no iba a ocurrir.

No hay pruebas más decisivas en economía que éstas; aquí es donde se supone que uno debe decir: “De acuerdo, estaba equivocado, y es por esta razón”.

Además, hay que considerar que el Sr. Meltzer no está solo. ¿Puede usted pensar en cualquier figura prominente de ese lado del debate que ha estado dispuesta a modificar sus creencias en vista de evidencia abrumadora?