Opinión

La economía antipopulista de Putin

1
 

 

Paul Krugman.

Mi viejo maestro Rudi Dornbusch, cuya presencia es enormemente extrañada en este enloquecido mundo, escribió junto con Sebastian Edwards un influyente análisis en 1989 sobre lo que llamaron “populismo macroeconómico”. Se trata de la tendencia histórica de algunos gobiernos populistas (no todos) a hacerse ilusiones y creer que pueden descartar las reglas de siempre; que con controles de precio pueden contener la inflación indefinidamente en una economía sobrecalentada, por ejemplo, o que pueden ignorar los límites sobre la capacidad.

Es ligeramente complicado hablar de este problema en tiempos como estos; el populismo macroeconómico es economía heterodoxa, pero no toda la economía heterodoxa es populismo macroeconómico. Por ejemplo, los controles de capital a menudo han sido un intento finalmente destructivo por enmascarar la realidad subyacente, pero en algunos casos, como Islandia en los últimos años, han demostrado ser una forma excelente de calmar el pánico del mercado. El populismo macroeconómico, en su mal sentido, ha sido un problema real en ciertos momentos y ciertos lugares; claramente es parte del embrollo en el que está Venezuela y, lamentablemente, Argentina ha caído de la útil heterodoxia detrás de su impactante recuperación luego de 2002, a muchos vicios clásicos.

Pero no hablemos de Latinoamérica; en cambio, hablemos de Rusia.

La decisión del presidente Vladímir Putin de rechazar el consejo de los economistas que le dicen todo lo que no quiere oír me parece muy familiar y, estoy seguro, también a muchos que han seguido a Latinoamérica durante décadas. Básicamente, se parece muchísimo a populismo macroeconómico clásico.

Sin embargo, hay una diferencia interesante.

Los casos que los señores Dornbusch y Edwards analizaron en su documento de investigación (disponible aquí: nber.org/papers/w2986) involucraron gobiernos que realmente estaban intentando ayudar a trabajadores de salarios bajos y a los pobres. Esto es, realmente eran regímenes populistas, incluso cuando no terminaron atendiendo los intereses de su base de votantes. Pero nadie diría que el régimen de Putin es populista; está rechazando la economía que conocemos para defender una “cleptocracia”, no a las masas oprimidas.

¿Ha habido ejemplos comparables? La imposición en Malasia de control de capitales en 1998 tuvo que ver, en parte, con rescatar su versión de oligarquía, pero también fue una política razonable dadas las circunstancias, y funcionó bien. Por lo demás, no se me ocurre nada.


Entonces, el señor Putin parece haber aportado algo nuevo (o al menos anteriormente raro) al mundo de la política económica: el compadrazgo macroeconómico, un esfuerzo por suspender las leyes de la economía no en nombre de las amplias masas, sino de un grupo diminuto de malhechores bien conectados y de gran riqueza. ¡Innovación!

Twitter: @NYTimeskrugman

También te puede interesar:
La tiranía de Grecia sobre Alemania
Un cambio de régimen en Suiza
Castigado por respetar las reglas