Opinión

La dulce asimetría

 
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Filas en Centro de Atención a Clientes de Telcel. (Cuartoscuro)

El objetivo más importante de la reforma constitucional de telecomunicaciones del año 2013 fue que México contara con un sector en competencia efectiva, a fin de propiciar servicios de calidad, alta penetración social y tarifas justas para los usuarios.

La reforma partió de un escenario preocupante y perjudicial para la economía mexicana: un solo agente económico (Telcel-Telmex) concentraba arriba de 70 por ciento de los suscriptores de servicios fijos, móviles e internet, situación aderezada con prácticas anticompetitivas agresivas.

Para remediar tal estado de cosas, se determinó en la Constitución que se impondría a Telcel-Telmex una regulación asimétrica de fácil determinación, a fin de que existieran condiciones equitativas de competencia. Las medidas fueron diversas y necesarias, tales como las de preponderancia, las de desagregación de la red o las de compartición de infraestructura.

Y la tarifa cero de interconexión, que consiste en que Telcel-Telmex no cobre a los demás operadores por las llamadas que les termine en su red y sí les pague por las que ellos le terminan en las suyas. La tarifa cero es poco relevante para Telcel-Telmex como proporción de sus ingresos (casi todas sus llamadas on-net) y, en cambio, es fundamental para sus competidores (casi todas sus llamadas terminan en usuarios Telcel-Telmex).

Nadie supuso que estas medidas agradarían al preponderante, pero eran necesarias para beneficiar a los usuarios. ¿A qué empresa le gusta acatar normas que tienen por objeto reducir su poder de mercado (exorbitante en el caso de México)? Difícilmente entenderá que las reglas se le imponen por interés público y social; la autoridad administrativa sí debiera hacerlo.

Sin embargo, poco a poco la hiel se ha vuelto miel. La que debió ser una medida asimétrica esencial y estricta para promover la competencia, cada vez se dulcifica más, se le adelgaza y suaviza. Se le iguala.

La asimetría se torna paulatinamente en simetría y lo que era una medida toral –la diferencia en tarifas de interconexión– se diluye rápidamente. Ni el constituyente ni el legislador contaron con la poderosa creatividad de algunos funcionarios del regulador.

Las cosas quedarán muy claras para el lector si compara la tarifa de interconexión a celular que Telcel-Telmex pagaba en junio de 2013 (39 centavos por minuto) con la que paga actualmente (18 centavos por minuto). El regulador, el Instituto Federal de Telecomunicaciones, ha reducido la tarifa en 54 por ciento en apenas dos años.

De seguir las cosas como van, con la colaboración –seguramente con buena intención– del regulador, Telcel-Telmex logrará un objetivo fundamental: que las tarifas de interconexión en México sean igual a cero en todos los casos, en las que nadie pague nada a nadie (bill and keep).

Según se observa, para el IFT, en el fondo, Telcel-Telmex es cada vez más igual que el resto de los operadores. Para el regulador la asimetría es menos necesaria.

Si las condiciones de mercado avalaran tales creencias, bien podrían discutirse las políticas regulatorias del Ifetel; pero no sólo no han cambiado, Telcel-Telmex ha incrementado en los últimos dos años su participación (por supuesto, de ninguna manera caeremos en la trampa que atenta contra la inteligencia de pensar que los demás operadores son incapaces de competir eficientemente. Ni modo que por azar todos los listos cayeran de un solo lado).

La lógica de imponer una regla asimétrica de “tarifa cero” de interconexión es que los competidores puedan generar ahorros por la interconexión y los trasladen a sus usuarios. ¿Aplica la misma lógica para Telcel-Telmex cuando sigue siendo el operador dominante? Si fuese así estaríamos en el mundo de la asimetría al revés. A pocos meses de que inicie la revisión de las medidas de preponderancia impuestas desde marzo de 2014 a Telcel-Telmex, preocupa el camino que podría seguir el regulador: ¿el de la dulce asimetría?

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