Opinión

La doble importancia de las reformas

10 diciembre 2013 5:2

 
Al momento de escribir estas líneas, el dictamen de la reforma energética había sido aprobado en lo general por las comisiones en el Senado. Sin duda, un paso más hacia lo que podría potenciar un significativo cambio estructural en el sector energético a nivel nacional.
 
 
Así, el momentum de reformas que ha caracterizado a este primer año de administración parece llegar a uno de sus puntos más críticos, al encontrarse analizando posiblemente la reforma de mayor alcance potencial para el avance económico del país.
 
En este punto, cabe dar un paso atrás y hacer una reflexión de lo que significa el proceso de reformas estructurales por el que ha transitado México en los últimos meses.
 
Tras la Gran Recesión mundial de 2008-2009, una de las grandes lecciones que debió ser aprendida fue que “ningún país es una isla” (aun los que realmente lo son). Lo anterior en el sentido de que la realidad ha demostrado que las economías globales, grandes y pequeñas, han alcanzado un nivel de interconexión/dependencia superior a lo que se tenía concebido.
 
A partir de ese momento, en la agenda de prácticamente todas las economías se encuentra el reto estructural de reformar sus economías y reducir el grado de dependencia del exterior. En particular, el fortalecimiento de la demanda interna se encuentra al centro de las prioridades de buena parte de las economías.
 
 
No obstante, la amplia holgura económica y las presiones fiscales y de deuda en el mundo desarrollado, así como también las presiones inflacionarias y los altos déficits externos y públicos en el mundo emergente, plantean retos de corto plazo que por el momento dificultan el inicio de un proceso reformista.
 
En este contexto, México destaca al encontrarse en un proceso de reformas, que si bien no aborda necesidades nuevas, ya ha entregado sendas aprobaciones en el Congreso que por fin intentan enfrentar retos estructurales diagnosticados a lo largo de los últimos 20 años.
 
 
Así, la relevancia del proceso de reformas se entiende desde dos puntos de vista. Primero, desde el estricto ámbito local, donde el bajo crecimiento estructural de nuestra economía se encuentra al centro de la motivación de buena parte de las reformas aprobadas. Segundo, desde el punto de vista internacional, donde a México se le ve como una de las excepciones en el bloque emergente.
 
 
Más aun, es importante aclarar dos puntos. Primero, la efectividad de las reformas aprobadas pasa por la necesidad de un buen diseño de leyes secundarias. Donde usualmente el fortalecimiento de una figura reguladora, en muchos casos independiente, y de la adopción de una labor de transparencia y rendición de cuentas son centrales.
 
Adicionalmente, también es relevante apuntar que los beneficios económicos de las reformas no necesariamente se presentarán al mismo tiempo ni en magnitudes similares. Estos beneficios los veremos distribuirse a lo largo de los siguientes años, donde la educativa posiblemente rinda frutos en al menos un par de décadas y las reformas en telecomunicaciones y energía podrían comenzar a jugar un papel central en lo económico en el muy corto plazo –aunque sus efectos más relevantes también los veríamos en el mediano y largo plazos.
 
 
Twitter: @joelvirgen