Opinión

La distribución de las mentadas

10 septiembre 2013 5:2

La semana pasada le conté lo que me dijo una vez un secretario de Hacienda: uno sabe que una reforma fiscal está bien hecha cuando las mentadas llegan de todas partes.
 
 
¿Ha sido el caso de la reforma presentada el domingo o se han salvado los funcionarios de los recordatorios provenientes de algún sector?
 
 
El sector privado ya ha hecho manifiesto de muy diversas maneras su disgusto. Pero este enojo tiene dos partes.
 
 
Una es por los impuestos que tendrá que pagar. La otra, por aquellos que van a seguir sin pagar.
 
 
De acuerdo con los cálculos de la propia Secretaría de Hacienda, de los mayores pagos del ISR empresarial saldrá la mayor proporción de los ingresos adicionales que se presume que traerá la reforma en 2014.
 
 
Para dimensionar el impacto, basta recordar que la recaudación total por ISR total ascendió a 760 mil millones de pesos al año pasado.
 
 
Aun considerando el efecto directo e indirecto de la desaparición del IETU, habría pagos adicionales del ISR por 76 mil millones de pesos, lo que significa un incremento de 10 por ciento.
 
 
Sin embargo, la proporción seguramente sería mayor en la medida que se considere específicamente el porcentaje de la población sobre el que va a recaer el costo de la reforma, que no superará el 15 por ciento. Así que nada raro sería ver incrementos en los pagos netos de ISR (neto de IETU) del orden de 20 a 25 por ciento, según el sector.
 
 
En contraste, las mentadas no han llegado de los informales.
 
 
Los pocos que acepten la invitación para pasar a la formalidad serán tratados como hijos pródigos, con ventajas que otros contribuyentes no tendrán.
 
 
Y los que quieran seguir en el reino de la informalidad, en realidad no tienen ninguna sanción adicional, por lo menos no derivada de esta reforma.
 
 
La semana pasada le habíamos dicho que los segmentos más afectados aceptarían gustosos pagar más impuestos si el esfuerzo fuera parejo y se viera que del lado del gasto, también el gobierno pone su parte.
 
 
Al menos en el caso de los informales, no se ve así.
 
 
En este balance de mentadas, el gobierno decidió que había que evitar las que hubieran surgido de ponerle el IVA a alimentos y medicinas.
 
 
De hecho, si se lee cuidadosamente el discurso del presidente Enrique Peña en Los Pinos el pasado domingo, se ve claramente que no es un rechazo conceptual al gravamen, sino uno circunstancial.
 
 
Así que, sin duda, hubo un elemento de valoración política que se tomó en cuenta. No se quiso echar más combustible a la hoguera que representa la CNTE y sus movilizaciones ni tampoco darle más parque a futuras movilizaciones de López Obrador.
 
 
Sin embargo, por lo pronto, ya planteó ayer el titular de Hacienda, Luis Videgaray, que no se ve este ajuste de IVA en el curso del sexenio. Claro, nadie esperaría que dijera que sí, aunque lo estuviera considerando.
 
 
La reforma fiscal fue una reforma posible, como las que ha planteado la actual administración, no la reforma necesaria ni la óptima. Pero es muchísimo mejor que no hacerla. Sin duda.
 
 
Empujón de fin de año
 
 
En medio de la discusión fiscal se ha perdido de vista el programa de aceleración económica. Con los datos disponibles, el gasto programable de los últimos cinco meses del año será de 1.45 billones de pesos. Esto significa un promedio mensual de 290 mil millones, lo que significa un incremento de 17.8 por ciento respecto al promedio de lo desembolsado hasta julio.
 
 
Para 2014, el monto total del gasto programable es de 3.486 billones, 9.8 por ciento en términos reales superior al previsto para el fin de este año.
 
 
 
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